24. Diego Ariel Méndez: Dieguito el becado

Profile IV. Parte 2


"Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín,
lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí."
(Joaquín Sabina)

El viernes 24 de junio de 1988 Sara Cosentino se despertó a las seis de la mañana. Abrió los ojos y se encontró con las mariposas rosadas del empapelado del cuarto de Irina, se asomó y la vio durmiendo como un angelito en la cama suplementaria. Se sentó en la cama apoyando las manos en las rodillas y sus pies sintieron el calor del piso, la caldera estaba encendida. Tomó aire y se paró. Caminó en puntas, tratando de no pisar a su sobrina, se fue al baño y se duchó largo rato. Cuando salió pasó por el cuarto de Dieguito, estaba dormido, destapado, lo tapó. Volvió al cuarto de Irina y en silencio sacó la ropa que había colgado en la silla la noche anterior. Bajó las escaleras, entró a la cocina, encendió la cafetera y se fue al living a cambiarse. Se puso una camiseta amplia, un chaleco de lana verde y se acostó sobre el sofá para subirse el cierre del pantalón. Mientras mantenía la respiración, se topó con una foto donde Mariano aparecía sonriente y bronceado, con su gesto de tarambana. "Qué hijo de una gran siete!" pensó. Volvió a la cocina, sacó pan de la heladera y lo puso a tostar. Miró la hora en el reloj de la pared,"siete menos veinte", sacó la frutera de la mesa y puso el mantel. Subió las escaleras y se fue al cuarto de Alicia, abrió la puerta despacito.

El viernes 24 de junio de 1988 Cristina Arieta se despertó con el ruido de una cortadora de césped, a las ocho de la mañana. Se sentó en la cama, se levantó el antifaz que se había afanado de Aerolineas Argentinas, miró el reloj y sintió furia. Revoleó el antifaz por el aire, se paró sobre sus pantuflas con pompones, se puso una bata de satén roja y bajó las escaleras como un relámpago. Se paró frente al ventanal del comedor y vio al jardinero con la bordeadora, lo más tranquilo. Se cruzó de brazos. "SSHUUUUULiiiiiiiiiii!" gritó sin moverse. A Yuli se le paró el corazón del susto y soltó la taza que estaba lavando, se rompió. Se secó las manos con el repasador y se fue con pasito apurado al comedor.

Cristina Arieta: "Shuli, cuántas veces le dije que los viernes me gusta dormir hasta tarde? Digamé, cuántas veces se lo dije?"

Yuli: "Sí, ió sé seiora pero…"

Cristina Arieta: "Shuli, cuántas veces?"

Yuli: "Muchas seiora."

Cristina Arieta: "Es la última vez que se lo dejo pasar. La semana pasada me rompió dos copas que eran MUY caras y se olvidó de ‘shevarme’ el sacón a la tintorería. Esta semana 'sha' 'shegó' tarde el martes y me tuve que hacer el ‘desashuno’ y hoy me deja entrar al jardinero a la hora que a EL se le canta. Qué está pasando Shuli? Estamos en su casa o en la mía?"

Yuli: "En la suia seiora."

Cristina Arieta: "Me hace el ‘desashuno’ y me lo ‘sheva’ arriba. Me voy a bañar que voy a salir. Mañana es un día MUY importante Shuli, tengo que estar ‘rilash’, entiende?"

Yuli asintió con la cabeza y se quedó tildada, con el repasador en las manos como si fuera el rosario de una novia.

Cristina Arieta: "'Vasha'. 'Vasha' le digo!"

El viernes 24 de junio de 1988 Alicia Cosentino se despertó a las seis y media de la mañana. Apagó el despertador, se dio vuelta lentamente y pasó su mano por el lado izquierdo de la cama. Nada, las sábanas lisitas, como recién planchadas. Sintió ganas de llorar pero ya no le salía ni una lágrima, estaba seca. Sin moverse estiró un brazo y encendió la lámpara de la mesa de luz. Entre blisters de tranquilizantes y ansiolíticos, encontró el espejito de bronce que su tío Enzo le había regalado a los quince años. La imagen que vio de sí misma no era muy diferente a la que había visto la mañana anterior, ni a la del miércoles, ni a la del martes, ni a ninguna de las últimas noventa mañanas. Tenía los ojos como dos ciruelas y la piel demacrada. Ya se había acostumbrado a dormir con maquillaje por si a Irina se le ocurría pasarse a su cama en medio de la noche. Sara abrió la puerta del cuarto despacito y asomó la cabeza. Alicia se tapó hasta las orejas como una nena. Sara entró, cerró la puerta y se recostó al lado de su prima. La destapó lentamente y al verla respiró con resignación.

Sara: "Es la última vez, Ali. Se los tenés que decir. Esta tortura se tiene que terminar."

Alicia: "Mañana Sarita, te lo juro."

Sara le dio un beso en la frente y le levantó apenas la persiana, todavía no amanecía. Le apagó la lámpara y la dejó a oscuras.

Sara: "No pasa de mañana."

Alicia cerró los ojos, respiró profundamente y asintió con la cabeza. Sara se fue cerrando la puerta. Alicia volvió a caer en un sueño pesado. Sara preparó a los chicos, les dio el desayuno, los abrigó y los subió al micro. Los saludó hasta que se le cansó el brazo y se fue a la parada del colectivo, estaba agotada.

Sara se durmió contra la ventanilla y se despertó una parada más tarde, tuvo que caminar varias cuadras. Para ese entonces, con cuarenta y un años, Sarita ya tenía sobrepeso y cada paso le restaba oxígeno. Hacía mucho frío a esa hora de la mañana. Se tomó un taxi hasta Cabildo y se dispuso a esperar el segundo colectivo que la llevaría hasta su casa, en Flores.

Cuando abrió la puerta sintió ese olor que se siente al volver de las vacaciones. Su departamento estaba esperándola, tal como lo había dejado aquella mañana en la que su prima la despertó por teléfono, llorando. Sara, acostumbrada a sus trasnoches con La Rodante, solía dormir hasta entrado el mediodía para reponerse y aliviar la voz. Ese día no lo dudó, al escuchar la desesperación de Alicia, se volvió loca y salió disparada del departamento dejando su vida en suspenso. Así tal cual la encontró, como la dejó.

Se fue directo a la cocina y se preparó un café espeso. Repasó la correspondencia, algunos sobres tenían advertencias en rojo, los tiró sobre la mesa sin abrir ninguno. Estaba de mal humor. Se llevó el café al living y se sentó en el sillón. Cada vez que la imagen de Mariano Méndez se le cruzaba por la cabeza sentía una furia que nunca había sentido antes, su instinto asesino la asombraba, se imaginaba saltando sobre aquel hombre hasta hacerle estallar los órganos. Cuando dejó de sentir odio por Mariano empezó a sentir preocupación por sus sobrinos, qué iba a pasar con esos chicos? Cómo iba a seguir Alicia? Sara contempló la posibilidad de dejar el canto y mudarse con ellos, si alquilaba su departamento podían tirar bastante bien, por lo menos para que los chicos terminaran el primario iba a alcanzar. Empezó a sentir una tristeza terrible, sintió ganas de abrazar a su hijo, la vida se le vino encima. Levantó el tubo con la intención de llamar a Italia pero lo encontró sin tono, se lo habían cortado, con lo que costaba en aquel entonces que te devolvieran la línea…

Sara no quiso saber más nada. Se fue al cuarto y así como estaba se dejó caer en la cama, se quedó dormida con su brazo gordo sobre los párpados.

Alicia se despertó al mediodía. Se bañó para despejarse. Se ató el pelo mojado con un broche, se llenó la cara de crema y bajó a la cocina. Al entrar sintió una correntada de aire helado. Gisela estaba limpiando las ventanas.

Gisela: "Alicia, buen día, espere que cierro que se va a resfriar."

Alicia: "No, Gise, dejá, terminá que me pongo algo de…"

Alicia se fue al perchero de la entrada a buscar algún abrigo. Volvió con una bufanda azul enroscada en la cabeza. Gisela no se sorprendió, hacía rato que para la señora, las combinaciones habían dejado de ser una prioridad.

Alicia: "Ya está. Vos cómo estás? Alguna novedad?"

Preguntó mientras ponía la pava.

Gisela: "Y acá andamos, como se puede... Ah! me la encontré a la señora Sara cuando entré, me dijo que se iba a su casa, que la llama más tarde."

Alicia: "Ay pobre prima mía, es una santa, si no fuera por ella…"

Alicia agitó el mate para sacarle el polvo, probó el agua y volvió a poner la pava en el fuego. Se fue al comedor y volvió con una pila de papeles. Abrió un cajón, sacó una calculadora y se sentó en la barra de la mesada.

Gisela la observaba por el reflejo del vidrio. No lo podía evitar, cada día sentía más pena por Alicia, la angustiaba verla tan triste, tan buena que era…

Durante el mes que siguió a la carta de Mariano, Alicia pensó en cada acontecimiento de la vida cotidiana como un posible suicidio. Se imaginaba metiendo la cabeza en el horno, tirándose a la pileta con dos macetas atadas a los tobillos, tomando lavandina "on the rocks" o resbalando en la bañera tratando de dar justo la nuca contra la canilla. Alicia dice que en aquel entonces ni sus hijos la detenían, la razón por la que no se mató fue porque il babbo, después de recibirla en el Cielo con un beso, la hubiera mandado de nuevo a la vida de una patada en el ojete.

Se sentía ahogada en su propia angustia, asfixiada por un sufrimiento que la aplastaba contra las paredes de la casa que Mariano había construido. No encontraba paz en ningún rincón. Las fotos familiares la torturaban pero se negaba a mover nada de lugar, al principio para que los chicos no sospecharan, después por pura esperanza. Alicia tardó años en entender que Mariano no iba a volver nunca y se acostumbró a convivir con su fantasma. Al entrar a la casa de Dieguito, todos notábamos esa presencia ausente, alguien que no estaba pero ocupaba lugar. La mamá de Dieguito era una señora eternamente casada con el aire, el de su casa.

Ese mediodía Alicia dejó el romanticismo de lado para preguntarse cómo iba a mantener a sus hijos. Mariano le había dejado pocos ahorros y una casa invendible. Las cuentas no le cerraban por ningún lado. De repente, su vida de clase media le pareció altísima y no encontraba nada más para suprimir, ya le había avisado a los jardineros que no los iba a necesitar más, había tapado la pileta con el cobertor, había tachado de la lista del super los "productos de lujo" y le había dicho a Gisela que la perdonara pero no iba a poder tenerla más todo el día. Las cifras más altas tenían que ver con los chicos: el colegio bilingüe y la prepaga, ninguna de las dos cosas estaba en duda y se negaba a aceptar la ayuda de Sara.

Alica: "No, gorda, no me insistas con eso, ya te dije que no lo voy a aceptar."

Sara: "Pero Alicia, escucháme, no seas testaruda! Para qué tengo los ahorros? Para la familia!"

Alicia: "Para mandarle a tu hijo, para irte a Italia, para lo que vos quieras, no para mí."

Sara: "Y qué vas a hacer? Vas a salir a trabajar con esa cara? De qué? con quién vas a dejar a los chicos? Lo que ganes se lo vas a tener que dar entero a Gisela, no tiene sentido. Dejame que te ayude!"

Alicia: "Ya me estás ayudando, un montón me estás ayudando, qué haría sin vos?"

Sara: "Por qué no la llamás a tu suegra? Es la abuela! Al…"

Alicia: "Ni me la nombres! No se te ocurra. Ese es un tema cerrado Sara!"

Sara: "Pero Alicia! qué cabezona! Hacelo por los chicos!"

Alicia: "Por los chicos!? Que hizo la abuela por sus nietos? Nada hizo! A ella sólo le importa su hijito, por los chicos le pedí que me dijera dónde estaba Mariano, y? ni un pelo se le movió, se hizo bien la boluda! Para mí está muerta!"

Sara: "El orgullo no te va a llevar a nada…"

Alicia: "No es orgullo, es dignidad! Los Cosentino sólo le rogamos a Dios."

Sara: "Los Cosentino?? Ja! Me hacés reír! Sabés lo que hubiera hecho tu viejo? Los hubiera molido a palos! A Mariano y a la vieja chota!"

Alicia recordó los ojos sacados de Sara y se le dibujó una sonrisa. Cuando volvió a la actualidad de su cocina, Gisela ya se había ido arriba a arreglarle el cuarto. Alicia dejó los papeles en la mesada y se fue con el mate al living, estaba desorientada. Abrió el cajón del bar y sacó los cigarrillos. Se prendió uno y se sentó en el sofá, pensativa. Recorrió la sala con la mirada, como si fuera la de otra Alicia y ahí, en la biblioteca, vio una foto que le hizo un nudo en el estómago. Era Dieguito soplando cuatro velitas celestes, ella lo tenía a upa y soplaba con él. Se vio tan distinta… bronceada, más joven. Se paró y fue a buscar el marco. Estuvo un rato parada, mirando la foto. Se lo llevó a la cocina.

Cristina Arieta pasó toda la mañana en la peluquería. Se hizo la tintura platinada, se hizo pasar la planchita y pintar las uñas de un rojo brillante. Al mediodía se fue hasta el shopping nuevo a buscar algún vestido negro que le disimulara las caderas. Estaba ansiosa. Se probó varias prendas pero ninguna la terminaba de convencer, si no le hacía arrugas en el escote le marcaba demasiado los muslos o parecía "de vieja". Fastidió a varias vendedoras hasta que finalmente encontró uno que la hizo sentir parecida a Karina Rabolini. Salió del shopping con las bolsas y volvió a la peluquería. "Ay darrrrling, volví! Necesito hacerme un recogido que me quede bien con esto!" le dijo a su estilista mientras le mostraba el vestido negro.

Alicia se pasó una hora haciendo cuentas. Calculaba ingredientes, tiempos y gastos y los anotaba en un cuadernito. Cuando Gisela la saludó, a las dos de la tarde, Alicia apenas si levantó la mano, estaba concentrada. Cuando terminó, se comió una tostada con morrones y se dijo que sí, era posible. Esa misma tarde saldría por el barrio a ofrecer tortas de cumpleaños. Después de todo, era lo que mejor sabía hacer. Subió a su baño, se peinó el pelo y se untó la piel con base mientras improvisaba "Hola, soy Alicia, vivo acá cerca, sobre Esmeralda. Vengo a ofrecerte mis servicios, hago repostería para fiestas…", lo que no le cerraba mucho era lo de “servicios”, tendría que buscar alguna otra palabra. Antes de salir se miró en el espejo de la entrada y se puso brillo en los labios, se sentía horrible. Se colgó la cartera cruzada, se enroscó la bufanda azul en el cuello, se puso un tapado gris y salió a hacerle frente al frío.

Se alejó varias cuadras de su radio, sus vecinas eran buena gente pero desde que el auto de Mariano no estaba, habían empezado a hacer correr los chismes y ella no quería dar lástima.

Cristina salió de la peluquería a las cuatro de la tarde, caminando con una rigidez sobrehumana, como si llevara un florero en la cabeza. Tenía un peinado "estilo banana" tan abultado que los transeúntes se daban vuelta al verla pasar, ella estaba chocha. Subió con cuidado a su auto y agarró la onda verde de Libertador para no tener que mirar hacia los costados. Cuando llegó a su casa vio que una rubia natural estaba tocando el timbre, le dio envidia. A Cristina le hubiera encantado ser rubia, más que cualquier otra cosa. Ella decía que prefería tener menos teta pero el pelo rubio.

Cristina dio dos bocinazos que a Alicia la hicieron saltar del susto.

Cristina: "Buscabas a alguien!?"

Alicia pensó que acaba de conocer a Ivana Trump.

Alicia: "Sí, a la señora de la casa. Sos vos?"

Cristina: "Sí, decime. En qué te puedo 'ashudar'?"

Alicia se sintió indigna. Tanto se le notaba que necesitaba ayuda?

Alicia: "Qué tal? Yo me llamo Alicia, vivo acá a ocho cuadras, sobre Esmeralda. Hago tortas, las vendo, bueno, repostería en general y…"

Cristina: "Aaaaaayyyyyyyyyy! Me salvás la vida! Esperá que entro el auto y hablamos, esperá."

Alicia se quedó petrificada en la vereda pensando que no podía ser tan fácil, estaría soñando?

Cristina le hizo señas de que pasara por el portón. Alicia entró cautelosa, siguiendo los pasos del auto, mirando hacia atrás. Cuando Cristina se bajó, Alicia se sintió como un hongo, el peinado y los tacos de su interlocutora la hacían ver como treinta centímetros más alta. La nariz se le atoró ante la mezcla de olor a spray con “Poison” y se sintió tan desalineada que se le revolvió el estómago.

Cristina: "Ay no sabés, esperá, teneme esto, me tenés esto?"

Alicia le sostuvo dos bolsas mientras trataba de disimular su asombro ante tanto accesorio, sentía que estaba frente a un árbol navideño con lentes.

Cristina: "Ahí está. Siempre ando con tantas cosas… dónde tengo las ‘shaves’? Bueno, no importa."

Alicia observó a Cristina caminar en puntas de pie, sobre sus botas charoladas, tratando de no enterrarse en el césped lateral de la casa.

Cristina: "Shuliiiiiiii! Shuuuuuuliiiiii! Abramé!!"

Alicia seguía parada detrás de Cristina, cargándole las compras. Cristina se dio vuelta con una sonrisa. "Sha entramos" le dijo.

La casa era hermosa por fuera, con una decoración horrible por dentro. Había un ventanal de vidrio enorme con una cortina tan cargada de volados que a Alicia le recordó a su vestido de casamiento.

Cristina: "Vení que nos sentamos en el 'livinrum', querés café?"

Alicia: "Bueno, si no es molestia… igual en un rato ya me tengo que ir."

Cristina: "Dale, sentate ahí." le indicó con los movimientos de una anfitriona torpe.

Cristina se fue a la cocina. Alicia se quedó sentada en un sofá demasiado mullido, se sentía tan chiquita que tuvo miedo de quedar atrapada entre los almohadones. Cristina volvió con Yuli detrás que cargaba una bandeja de acrílico roja con dos tazas de café, dos cucharitas, una lechera que decía 'milk', una azucarera que decía 'sugar' y un frasco de edulcorante líquido.

Cristina: "Te decía que me venís como 'anisho' al dedo porque mañana tenemos con mi marido un almuerzo RE importante. Es con los jefes de mi marido, resulta que mi marido entró hace casi un año a este puesto y todavía no le hicieron el contrato definitivo. Pero no sabés, cuando se lo hagan… vida nueva! 'sha' queda hasta retirarse y es el mejor puesto que 'hashamos' soñado jamás…"

Alicia se empezó a sentir descompuesta. El olor de esa casa le era tan ajeno que no podía dejar de sentirse una desubicada y esa mujer le resultaba ordinaria. Empezó a asentir con la cabeza cada vez que Cristina le preguntaba "no te parece?"

Cristina: "…la hora de mudarme de este barrio de cuarta, no te parece de cuarta? Son todos unos chismosos, estoy cansada de vivir así, como hacinados. Las casas tan pegadas… esto es fino? Te parece? Mirá, 'sho' 'sha' tengo en vista un 'cantri' cerca de Garín que te ofrecen planes buenísimos. Está cerca del campo de golf, 'sho' quiero que mi marido juegue al golf, 'sha' le dije que cuando vivamos en el 'cantri' se va a poder relacionar mejor, él es un poco introvertido pero vivir acá lo pone peor, esta gente no es como uno, no te parece? Asi que todo lo que tiene que pasar es que mi marido quede en ese puesto y vos me vas a 'ashudar' porque tengo que deslumbrar con mi torta. Ay! Anoche no me podía dormir pensando! Las panaderías del barrio son todas iguales, ninguna tiene nada nuevo, de nivel, no te parece? 'Sho' pensé en algo con estilo 'britich', no te parece brutal?"

Alicia: "El qué? Disculpame, no te entendí."

Cristina: "Ja ja, no te preocupes, es que te lo dije en inglés, 'bri tich', inglés, sería..."

Alicia: "Ah, claro. Bueno, la verdad es que repostería inglesa nunca hice. Lo más parecido puede ser la torta galesa pero es bastante simple como para llevar a una reunión como la que me decís… le puedo hacer una decoración más… fina?"

Cristina: "Brutal! galesa suena taaaan bien… Lo que sí, necesito que parezca que la hice 'sho' así que tendría que ver cómo la hacés, por si me preguntan… por qué no te venís con las cosas? Cobrámelo aparte."

Alicia lo pensó dos veces, no le caía nada bien esa mujer pero por lo que decía, parecía tener relaciones interesantes para el negocio de tortas.

Alicia: "Te molesta si traigo a mis chicos? Es que no están acostumbrados a que falte mucho rato de casa…"

Cristina: "Para nada! les ponemos la 'tiví'!"

Alicia asintió. Cristina quiso darle plata para que comprara los ingredientes pero Alicia le dijo que lo arreglaban después. Ese trato de “empleada doméstica” no la terminaba de convencer. La plata la necesitaba pero ella también tenía perfume francés en su armario.

Cristina le ordenó a Yuli que acompañara a Alicia hasta la puerta, quedaron en verse en una hora. Alicia salió tan apurada que al cruzar la reja se llevó puesto a quien entraba.

Alicia: "Uy perdón!"

Sergio: "No, no, disculpe usted, el torpe soy yo. Hola Yuli, muy buenas tardes, cómo está? Señora, la conozco?"

Alicia: "No, soy Alicia Cosentino, vine a hablar con Cristina. Y usted?"

Sergio: "Qué bien, no, yo no, yo vine a buscar una carpeta que me olvidé esta mañana. Sergio Martínez, el marido de Cristina, un gusto."

Le dijo mientras le tendía la mano con una sonrisa. Alicia reconoció en Sergio los mismos gestos caballerosos que tenía el viejo Lucio, su padre debía haber sido muy parecido a esa edad. Sintió emoción.

Alicia: "Mucho gusto." dijo con los ojos mojados.

Sergio: "Bueno señora, no la retengo más. Si me permite…"

Alicia se quedó asombrada. Cómo podían ser esos dos marido y mujer? Cómo se hacía ese peinado con un marido tan bajito! Qué mala esposa, lo iba a hacer quedar como un boludo… pensaba mientras caminaba apurada, ya era la hora de salida de los chicos.

"Reina! Qué peinado! Cómo va su día?" dijo Sergio y siguió de largo al escritorio.

Cristina: "Qué hacés acá? Pasó algo?" le preguntó mientras lo seguía por la casa.

Sergio: "Algo, algo… sí, que me olvidé una carpeta… qué cosa seria! Creí haberla dejado acá."

Cristina: "Shuuuuuliiiiii!"

Sergio: "Dejála, dejála, ya la tengo, estoy perdiendo mi valiosa memoria visual."

Yuli: "Sí seiora?"

Cristina: "Nada, 'vasha'. No sabés, Ser, esta mañana casi la mato, me hizo entrar al jardinero a las ocho! Te parece?"

Sergio miró a su mujer por encima de los lentes, estaba concentrado, leyendo unos papeles.

Sergio: "Ay Cristi, Cristi… esa pasión que le ponés a algunas cosas… Me tengo que ir volando, reina. Por cierto, quién era la mujer que salió recién?"

Cristina: "Ah, la viste? Nadie, una que vive por acá, hace tortas. Le encargué una inglesa para 'shevar' mañana, voy a decir que la hice 'sho', te voy a hacer quedar como un duque!"

Sergio: "Si usted lo dice…"

Le dio un beso a su mujer en el dorso de la muñeca y salió disparado al colegio.

Alicia llegó pasadas las cinco, le avisó al del micro y se llevó a los chicos de un tirón.

Alicia: "Vamos, apuren que tenemos que ir a un lugar, Irina! la mochila, vamos!"

Dieguito: "A qué lugar?"

Alicia: "A lo de una amiga mía, me pidió que la ayude con una torta asi que pasamos por casa, toman la leche rápido y nos vamos. Cómo les fue? Irina, dale, dame la mochi que la llevo yo."

Dieguito: "Qué amiga?"

Alicia: "Cerca de casa, no la conocen. Tiene una tele enorme!"

Irina: "Yo quiero torta!"

Alicia: "Bueno, mañana hacemos una de dulce de leche."

Dieguito: "Yo me quedo con la tía."

Alicia: "No está la tía, se fue a la casa."

Dieguito: "Me quedo igual."

Alicia se quedó en silencio, no le gustaba que los chicos estuvieran solos en la casa, les podía pasar cualquier cosa pero Diego ya tenía doce años y a ella iba a venirle bien que se le despegaran un poco.

Alicia: "Bueno, quedate, voy a tardar un par de horas. Vos, Iri, venis conmigo, dale?"

Irina asintió con la cabeza.

Sergio esperó a que terminara el té de las cinco, observó como todos volvíamos a nuestras clases y se fue a su despacho. Cerró la puerta con llave, se sentó en su escritorio y sacó del cajón las llaves del archivo. La Licenciada Marta Tenno le había dejado a su sucesor un informe detallado y prolijo de más de trece años de trabajo, que se sumaba al informe de la Licenciada María Estela Longo y así sucesivamente.

Sergio se dirigió al archivo, lo abrió en el bloque Primaria Séptimo Curso y guardó una carpeta con el nombre Hamilton, Ignacio. Lo cerró y salió del despacho. Atravesó el hall central y subió las escaleras de la izquierda. Tocó en la puerta de Primaria Segundo Curso, abrió.

Sergio: "Buenas tardes, Miss Corina. La incomodo si me quedo a presenciar la clase?"

Miss Corina: "Para nada. Chicos, cómo saludamos al licenciado?"

Chicos: "BueeenastaaardesMiiiisterMaaartiiiínezDeeelioo."

Como en un programa de televisión, Alicia enumeraba en voz alta cada movimiento.

Alicia: "… y ahora picamos las nueces y las dejamos remojando en el ron…"

Yuli anotaba todo en un papelito y Cristina miraba asombrada, nunca hubiera imaginado que una torta “shevaba tantas cosas!”

Alicia: "… y ponemos así, en tooooda la bandeja para enharinar las pasas…"

Irina se había quedado dormida en el sillón mullido.

Alicia: "Ahora vamos encendiendo el horno BIEN fuerte."

Yuli dejó el papelito y con paso apurado, se fue a encender el horno.

Sergio se había sentado en el último banco, muy tranquilo, con los brazos cruzados. Escuchaba a Miss Corina hablar sobre los animales de la Patagonia mientras los chicos los iban marcando en sus láminas. Cada tanto, alguno se daba vuelta y lo miraba con curiosidad, Sergio sonreía y le indicaba que mirara al frente. A los chicos les daba risa su moñito, el pelo enmarañado y su manía de acomodarse los lentes. A los más grandes nos generaba amor y odio, según el día. A la Señora Directora, la tenía convencida de que era un mamerto sin experiencia y a las maestras las tenía enamoradas con su lenguaje barroco y los Marroc que saltaban de su bolsillo. Pero para todos, con sus treinta años, Sergio representaba una incógnita.

Alicia: "… vamos probando con el cuchillo, así…"

Los ojos de Yuli y Cristina seguían los movimientos de las manos de Alicia. Irina apareció en la cocina, despeinada y con los ojos rojos.

Irina: "Me quiero ir a casa."

Alicia: "Ya vamos, falta un ratito. Sentate ahí tranquila, dale."

Cristina" “Querés dibujar? Mi marido tiene muuuuuchos 'crashones'!"

Irina asintió con la cabeza y sonrió.

Yuli fue al escritorio. Volvió con una caja enorme, llena de colores y un block de hojas blancas.

Sergio miró la hora en su reloj, "seis y media". Se paró y le hizo señas a Miss Corina para que continuara, se fue en silencio. Bajó las escaleras corriendo y entró en su despacho. Se fue directo al archivo y buscó en Primaria Segundo Curso. Sacó una carpeta, cerró el archivo y sonó el timbre de salida.

Alicia: "Bueno, la dejamos enfriar y vamos preparando el glasé."

Cristina: "Ay qué difícil!"

Alicia: "Es cuestión de práctica. Este lo hacemos bien líquido, ven? Así bañamos la torta."

Yuli asentía y anotaba. Cristina resoplaba, le iba a costar acordarse de todo.

Sergio le cerró la puerta del auto a la Señora Directora y se subió al suyo. Dejó el maletín en el asiento de atrás, se quitó los lentes, se refregó los ojos y se quedó así, pensativo.

Sarita abrió la puerta y encontró todo oscuro.

Sara: "Aaaliiiii! hooolaaaa!"

Dieguito abrió la puerta de su cuarto y bajó corriendo.

Dieguito: "Tía! Viniste!"

Sara: "Eeeeehhhh!!! Te extrañaba!"

Alicia caminó ocho cuadras con Irina de la mano izquierda, una bolsa en la derecha y la cartera cruzada. Antes de llegar a su casa paró en el kiosco y compró dos Titas. "Tomá, te portaste muy bien hoy. Llevale a tu hermano para después de cenar." le dijo.

Cuando abrió la puerta el aroma de su casa le pareció exquisito.

Alicia: "Qué hacés acá, gorda? Te dije que te quedaras tranquila!"

Sara: "Dejate de joder Alicia, pensaste que te iba a dejar sola? Dale, lávense las manos que hice milanesas. Dieeegooooo! A comeeerr!"

"Pero qué belleza! Va a dar pena cortarla!" dijo Sergio mientras Cristina le mostraba la torta.

Cristina: “Viste? Quedó brutal! Con estas cerezas taaaan finas…No sabés, Alicia es di vi na, me enseñó con una pacieeeencia…"

Sergio ya estaba acostumbrado a los cambios de humor de Cristina. Podía odiar a alguien a la mañana e invitarlo a cenar a la noche. La excepción a la regla era Yuli, la odiaba siempre.

Sergio: "Si? Qué bien, qué bien… tal vez puedan establecer una linda amistad, quién sabe…. Y esto?"

Cristina: "Qué cosa? Ah, es de la nena, la hija de Alicia, me lo dedicó y todo, no es RE 'suiti'?"

Sergio asintió en silencio y se quedó pensativo, es verdad que no tenía mucha experiencia con chicos pero "una casa con dos puertas" le llamaba la atención hasta a un recién recibido.

Alicia hacía de Alicia y Sarita de los chicos. Ya lo habían ensayado cien veces. Cada palabra estaba calculada. Alicia tomó aire y los llamó al living, Sara le acarició la espalda. "Quedate tranquila, va a estar todo bien" le dijo.

Alicia: "Chicos, les tengo que decir una cosa, necesito que me escuchen con atención y traten de entender."

Los chicos se quedaron en silencio. Alicia miró a Sara. Sara asintió con la cabeza, para animarla a seguir.

Alicia: "Bueno, se acuerdan que les dije que Papá se fue de viaje?"

Alicia se sintió tonta, cómo no se iban a acordar? Los chicos asintieron.

Alicia: "Bueno… papá no va a volver… ahora. Va a tardar un poco más."

Sara la miró con desaprobación. Irina se paró en el sofá, se dio vuelta y miró a la tía. Sarita la tomó por los hombros y con cariño le indicó que se sentara. A Irina se le llenaron los ojos de lágrimas. Dieguito no se movió.

Irina: "Por qué no va a volver papá? Se enojó?"

Alicia: "No, Iri, no se enojó… se tuvo que ir por un tiempo. A veces los grandes necesitamos irnos un tiempo… para pensar."

Alicia sentía que entraba en un pozo negro. Las lágrimas de Irina la desconcentraron y se fue de libreto.

Irina: "Por qué tiene que pensar?"

Dieguito: "A mí no me importa. Que no venga más!"

Dieguito se paró y se fue corriendo por la escalera. Sara trató de atajarlo pero no pudo. Irina se acurrucó en el sillón. Sarita se abalanzó sobre su sobrina y la apichonó contra su pecho. Alicia le deseó la muerte a Mariano.

Sergio se secó la cara, se abrochó la camisa del pijama, tiró perfume al aire y giró sobre su eje (siempre se perfuma así). Salió del baño con una sonrisa y vio a su mujer embobada con la "tiví". Se había puesto tres almohadas en la espalda.

Sergio: "Reina! Cómo voy a hacer para abrazarla? Le voy a arruinar el rodete."

Cristina: "Ay Ser! Por favor!"

Sergio: "Qué!?"

Cristina: "Esas palabras 'tushas'… cuándo te vas a modernizar? Rodete, me hacés acordar a mi abuela!"

Sergio soltó una carcajada, le dio un beso y salió del cuarto con una sonrisa.

Cristina se durmió sentada, con las tres almohadas en la espalda.

Irina se durmió en los brazos de Alicia y Alicia en los de Sara.

Dieguito no salió de su cuarto hasta el domingo.

Sergio se quedó dormido en el sillón mullido con una carpeta sobre las piernas, tenía un nombre: Van Kechelberghe, Emiliana Helena.


CONTIGO - NIÑA PASTORI


23. Muertos de miedo


"… y le hablo y le suelto una sonrisa, una blasfemia y dos derrotas..."
(Luis Eduardo Aute)

M
M
Yo: "Dejá así, los llevo en la billetera Sergio, son tres días nada más!"
m
Sergio: "Bueno, bueno. Qué le pasa niño?"

Yo: "Ya sabés qué me pasa."

Sergio: "Tratá de calmarte con ese tema y enfocá en la reunión que tenemos que deslumbrar con la presentación. Ya vamos a resolver lo del country."

Yo: "No digas country!"

Sergio: "Bueno, dejá que yo llevo la bolsita. Alzá a tu hijo, dale. Sol, qué pasa con Naty? Está viniendo?"

Sol: "No sé! Jorge tenelo vos un minuto que voy a llamar a Facu, Naty no me contesta."

Sol me dio a Toto. "No lo llames Sol, se va a poner loco." le dije. Sonó el teléfono de casa.

Sol: "Ah, hola! Cómo estás? …Sí, porque los chicos se van a Londres y nos quedamos con Naty y Paloma acá… Bueno pará, pará que te paso que está re apurado, beso! Jooorgeee!! Es Miseeé para vos!!"

Yo: "Qué hacés locura?... como el orto… sí… Un chino, después te cuento… sí… No, no puedo, YA tengo que estar en Ezeiza…. Hoy tiene que ser?... No, pero… Ahora, vos te das cuenta que vivís en una burbuja, no? No puede ser todo a tu ritmo… Qué? Estás loco… Hacé lo que quieras."

Corté. Sonó el teléfono de nuevo.

Yo: "Qué hacés pelotudo? Naty no llegó, pará. Soool! La ubicaste a Naty!!? No, me dice que no contesta… bueno calmate, seguro se quedó sin señal ah! pará, pará que tocan bocina. Es ellaaa!? …Ya llegó… ahora le digo… listo, después hablamos, chau."

Naty: "Hoolaaa! Sori chicos, estaba cortada la Panamericana, un quilooombo! Beso, beso. Qué fresco está acá… Hola Totín!! Cómo estás cuñada? Teneme a Paloma. Che, Sabés algo del corte?"

Yo: "Qué corte?"

Naty: "Lo que te dije, que cortaron la Panamericana, dicen que es gente de por acá, porque van a hacer un barrio cerrado o algo así."

Tenía un humor de perros. Mi encuentro con Tiago Cayado me había dejado rotundamente mal. Toto no paraba de llorar. Sergio controlaba una y otra vez que estuvieran los pasaportes, los pendrives, las baterías y los cables. Sol se había enroscado en un "teléfono descompuesto" tratando de ubicar a Naty que venía con Paloma para quedarse con Toto pero Naty no respondía el celular y no queríamos preocupar a Facu. Facu llamaba a Naty para ver si había llegado bien y no le respondía. Naty estaba en un embotellamiento en la Panamericana con Paloma tan fastidiosa que Naty le puso música en el celular para hipnotizarla y Paloma lo chupo hasta tildarlo. Sergio trataba de engancharme al pantalón la bolsita con los dólares (Sergio siempre usa esas bolsitas para viajar, aunque sea un viaje a Colonia en el Eladia Isabel) y yo trataba de evitarlo para no tener una discusión. Facu llamaba a mi celular para preguntar por Naty pero mi celular estaba cargándose apagado (Sergio dice que si lo cargo encendido se arruina la batería) y en casa le daba ocupado porque llamó Misé, totalmente colgado de su nube, para decirme que tenía que verme, que se venía a casa. Sergio me apuraba a que cortara, el remís ya estaba en la puerta a los bocinazos (por qué los remiseros tocan insistentemente la bocina cuando uno ya les avisó que va a tardar?). Toto me miraba con ojos de "no te vayas" y me partía el alma. Sol trataba de calmarlo y hacerlo jugar con Paloma que todavía no estaba para nada interesada en el sexo opuesto. Naty estaba en el baño y con la puerta entreabierta seguía hablando del corte y a mí me retumbaba la cabeza pensar que en veinticuatro horas tenía que estar en una galería de Londres tratando de convencer a un grupo de amantes del arte convencional para que financien una muestra de fotos de "cuerpos tatuados", para la cual había estado trabajando día y noche. Para Sergio era "pan comido", yo ya estaba contemplando la idea de quedarme en casa, en la cama, tapado hasta las orejas con cien miligramos de Valium.

Remisero: "Vamos a tener que tomar colectora porque está todo cortado."

Sergio me miró por encima de los lentes y me dio una palmada en la pierna. "Respirá, Polako" me dijo.

Sergio: "No hay problema, vamos por donde sea más fácil, igual ya estamos tarde…"

Remisero: "A qué hora hay que estar?"

Sergio: "Y… en veinte minutos…"

El remisero se quedó en silencio y levantó las cejas como diciendo "yo les avisé…"

No eran muchos, unas doscientas personas. Habían cortado los dos ramales en una cadena de manos. Estaban rodeados por la policía que trataba de desviar el tráfico por la colectora.

Yo: "No vamos a llegar Sergito, es imposible."

Sergio: "Si fuera a dar una conferencia sobre la Ley de la Atracción te llevaría como ejemplo de como NO hay que ser."

Yo: "Qué gracioso…"

Sergio: "Repetí: estamos llegando, estamos llegando…"

Yo: "Estamos llegando, estamos lle…" Sergio se cruzó de brazos y me miró con cara de "me estás gastando?" "Repetilo para adentro." me indicó.

Lo miré con una sonrisa, le guiñé un ojo y respiré profundo. Repetía la frase una y otra vez mientras miraba el pasar lento del paisaje. El grupo de gente sobre la Panamericana se hacía cada vez más nítido y no pude evitar conectarme con esos rostros. Cuando la vida nos obliga a observar de cerca, a menudo descubrimos que aquello que nos resulta odioso tiene su origen en un miedo tan primitivo como incontrolable y si nos atrevemos a abrir la puerta, podremos notar que del otro lado pasa exactamente lo mismo: miedo.

Remisero: "De vicio se quejan… qué ganas de complicarle a uno el día, no?"

A mi lista de "No entiendo de los remiseros equis cosa" se le suma esa odiosa costumbre de dar opinión cuando nadie se las pide y a mi lista de "Detesto de la gente en general equis cosa" esa espantosa insistencia en dar por sentado que uno es tan estrecho de mente como el que conduce, atiende, vende, revisa, cobra, etc. En ese pensamiento estaba cuando entre esas personas descubrí una cara que me sonó conocida, era un chico joven con una nena en brazos.

Yo: "Son los de los negocios…"

Remisero: "Sí, son los comer…" "No, no." lo paré en seco "Se lo decía a mi amigo." le dije mientras Sergio me miraba con cara de "No es día para que nos bajen de un remís con una patada en el culo!" pero la interrupción surtió efecto, el flaco se quedó callado el resto del recorrido y tuvo que soportar nuestra conversación y nuestra postura con respecto al asunto que nos ocupaba: el country.

Yo: "Vi al chico de la pizzería, te acordás que nos había dicho del country? Estaba ahí, con una nena. Creo que son los dueños de los negocios los que están cortando."

Sergio se quedó pensativo.

Sergio: "Qué vas a hacer con Helen? Le vas a decir?"

Chan! Me dislocó el cerebro con la pregunta.

El vuelo fue tranquilo, digamos que no lo viví. Cuando Sergio vio que me disponía a desplegar los planos de Tiago Cayado, partió en dos el Rivotril que tenía en las manos y me metió una mitad en la boca. Me dormí como un bebé.

Yo estaba todavía dormido, el Rivotril me deja como perro en cancha de bochas o mejor dicho, como yo atravesando terminales de aeropuerto con efecto de Rivotril encima, patético. Si hubiera estado solo, ahí me hubiera quedado viviendo, como Tom Hanks en la película. Nos emponchamos antes de atravesar las puertas de Heathrow. Londres estaba bajo cero. Sergio me arrastró de la campera y me metió en el auto que nos esperaba. "Vamos a tardar un poco más señor, voy a tomar un desvío porque hay una manifestación en el centro" dijo (en inglés) el chofer de Helen. "Este momento ya lo viví" pensé. Era mucha gente gritándole al gobierno "No more war!" (No más guerra!). Me hice un bollito y apoyé la cabeza en las piernas de Sergio, me volví a dormir.

Mientras subíamos en el ascensor ya intuía que mi mal humor se iba a estrellar contra el incienso de la casa de Helen. Traté de ponerme en eje para no empezar la visita con el pie izquierdo.

Cuando se abrieron las puertas mi madre ya estaba en el hall ofreciéndonos su sonrisa, descalza y en túnica, cuándo no? "Mamá, no tenés frío así? Te vas a enfermar!" le dije y tuve ganas de golpearme la cabeza contra la pared. Helen ignoró el comentario y me puso la trompa esperando un beso. "Te estás poniendo gruñón hijo…" me dijo al oído y lo abrazó a Sergio por la cintura, acariciándole la espalda como a un viejo conocido. Empezamos a comunicarnos en inglés, todos.

Sergio: "Qué es ese aroma taaan delicioso?"

Helen: "Ahh! Era la sorpresa! Amy cocinó una torta de chocolate para el té!"

Sergio: "No, no… No es chocolate…" dijo mientras le abría los brazos a mi hermana y le besaba la frente, "Es el perfume de esta florcita el que yo sentía…" Amy sonrió y se le mojaron los ojos, como cada vez que se encuentra con Sergio, es el único con el poder de calmarle a Emiliana los recuerdos, con su energía de ángel bizarro le rocía agua tibia sobre el pecho y se lo hincha hasta hacerlo rebalsar.

Helen se puso llorosa. "Está mejorando" me dijo en voz baja. Amy me abrazó y como siempre, me quedó su cabeza justito en los labios. Es verdad, tiene siempre ese olor tan especial que emana su piel, como si su columna fuera un tallo de jazmín que ofrece delicias a quien la sabe apañar.

Amy: "Cómo está mi sobrino?"

Yo: "Ahí quedó, moqueando… me tiró un mantón de culpa para el viaje… pero bien, gordote."

Amy se rió. Helen me trajo el teléfono. "Ya hablé mami, dejá, llamé en el aeropuerto."

Helen: "Llamemos de nuevo dale, asi hablamos todos!" (A Helen le fascinan las conferencias donde varios parientes / amigos hablan a la vez, a los gritos.)

Yo: "Como si no nos viéramos nunca…"

Helen: "Uff… fuera, fuera… qué pasa?" me dijo mi madre mientras me pasaba las manos por los brazos al estilo "Manosanta".

Yo: "Qué? Dale, llamemos, todo bien."

Helen: "Entonces por qué el mal humor?"

Sergio atinó a irse de la cocina pero lo agarré del brazo. "Nada, mañana te cuento. Quiero dormir un rato antes de irnos a la presentación. Pero llamemos, dale" le dije obligándome a cumplir mi promesa de tratar de estar bien.

Helen se posó las manos en la cintura y levantó el mentón como desafiándome, se quedó en silencio y me dio una tregua. "Ok" me respondió.

La presentación fue, en líneas generales, bochornosa pero conseguimos cerrar contrato. Yo no podía salirme de ese estado que ya no era ni mal humor ni efectos secundarios de ninguna droga, era yo mismo, parecía estar mal con el mundo y no tenía la paciencia necesaria como para convencer a un grupo de setentones, ricachones retirados que les convenía invertir en una muestra de fotos. Por lo menos no con el romanticismo que requería la negociación. Pasé la presentación en la que había trabajado tanto tiempo en tres minutos y se me acabó el repertorio, me sentía incómodo, un idiota. Sergio me salvó cien veces y me tiró mil sogas. Cuando vio que me había enredado en el laberinto de Cnosos se paró, se ajustó el moñito y agarró el atajo que se sabe de memoria: "Creo que la muestra puede ser particularmente atractiva en nuestro objetivo de acercar el arte a la gente y digo bien, sí, el arte a la gente y no la gente al arte. Señores, es que la gente no entra a los museos, no entra a las galerías, las revistas ilustrativas están dejando de editarse, en fin… Tenemos que hacer algo para… bueno, cómo decirlo? Para salvar el arte, fundamentalmente. Fotos de tatuajes no es lo más… exquisito, claro que no pero ciertamente puede resultar muy atractivo para esos snobs que pagan cualquier precio con tal de pasearse en muestras de galerías, como ya sabemos." Yo me quedé pálido, no sabía si pararme y aplaudirlo o estamparle un cachetazo. Cuestión que el discurso "facho" de Sergio fue el camino menos digno pero el que necesitábamos, no le podía decir ni mu. Los tipos quedaron chochos y Sergio terminó de deslumbrarlos ofreciendo Cohiba a todo el mundo, "Fumate uno, dale, agarralo…" me dijo con un codazo, no veía la hora de salir de ahí y prenderme un marlboro…

El frío de la calle me despertó y me voló el humo sofisticado que me había quedado en el pelo. "Caminemos un toque" le pedí.

Sergio: "Muy bien, muy bien. Ya estamos con esto, cerrado." dijo mientras se llevaba las manos a los bolsillos. "Más tranquilo?"

Yo: "Estoy volviendo a respirar. Ya contaba con esa plata, Sergito. Vengo disimulándole a Helen pero hay que facturar más…"

Sergio: "Mal hecho."

Yo: "Qué cosa?"

Sergio: "Ya contar con la plata."

Silencio…

Yo: "Y qué pasó con la Ley de la Atracción?"

Sergio soltó una carcajada que escarchó el frío del aire.

Las mañanas en la casa de Helen me resultaron extrañas hasta hace muy poco. Cuando mi madre volvió a la vida, decidió instalarse para siempre en Londres. Como en Argentina no le habían dejado ni una baldosa y se rehusaba a vender el campo de Uruguay, remató siete de las obras que formaban parte de su colección y se compró un piso sobre el Thames, alto, moderno y luminoso. Sin marcos de bronce ni candelabros de plata, poca tela y mucho Bauhaus. Pintó cada habitación de un color distinto, la mía la hizo naranja (es un poco estresante) y coronó el living central con un lienzo gigante de Helmuth Ditsch. Según su ánimo, se sienta a tomar el té mirando el río o mirando los glaciares. Su marido, el rockero, tiene libre acceso pero se vuelve a dormir a su casa. Helen dice que el casamiento en la India lo habilita a tener las llaves pero no a vivir juntos y que instalarse y ponerse cómodo son dos cosas distintas. A él le parece bárbaro. Anda todo el día perdido en sus pensamientos de "músico que no logra dar el golpe". Tiene un estilo estancado en los sesenta y pasatiempos de señora pacata (hace cursos de todo lo que encuentra: paisajismo, master sushi, mozaico, origami…) y de todo lo que hace nos regala un recuerdo. Todos coincidimos en que es "más bueno que Lasy". No tiene problema en limpiar si Rose se siente mal, sabe el punto justo de cada blend de té, acompaña a Helen al psiquiatra, le lleva ordenada la cajita de píldoras y no se cansa de tocarle "La Bamba" a Toto en la guitarra. Es definitivamente un hombre bueno que vaya uno a saber por qué, un día, en su juventud, decidió que iba a ser estrella de rock y a pesar de su escaso talento y nula suerte, no desiste.

Después de haber dormido en una cama volví a sentirme más humano y como el mal humor que había comprado hacía unas semanas atrás ya marcaba fecha de vencimiento, y yo me resistía a cambiar mi cara de traste, compré tristeza. Me dejé derretir la piel por el agua caliente de la ducha y bajé con un apetito muy parecido al hambre. Rose estaba en la cocina regando con un gotero (?) una hilera de mini macetas con cactus. La saludé asombrado y me devolvió la sonrisa mientras me avisaba que Sergio había salido, Amy se había ido con el señor (marido rockero) y Helen estaba haciendo yoga. Mi mente entró en funcionamiento: Yoga / Suzane, Suzane / bonsai, Bonsai / mini cactus. "Entiendo" le dije y me fui con el brunch al living.

Me senté mirando el Thames. Devoré dos huevos pasados por agua, un sándwich de queso con tomate, un vaso de yogur con pasas y dos tazas de café con leche. Me tuve que recostar por el impacto de energía. Me quedé dormido en el sofá, pensando en los cactus… qué loco las costumbres de algunas personas… qué loca Suzane… y me acordé que Suzane tenía un sobrino con el que me había dado algunos besos en una rave aburrida y según recordaba estaba bastante bueno…

Helen me despertó con un soplido en los párpados y con el viento de su pashmina azul ocupó el living haciendo levitar sándalo por todos los rincones.

Helen: "Tenemos algo pendiente cachorro…" me dijo mientras se sentaba en frente mío, cruzaba las piernas y enderezaba la espalda como una yogui añeja.

Yo: "La escritura de la casa está mal."

Helen: "Cómo es eso?"

Yo: "No te lo sé explicar, es como una sub venta. Hay una constructora detrás que quiere cerrar el barrio y hacer un country club."

Helen: "No es posible. Consultaste con Lulo?"

Yo: "No tuve ni un minuto, pasó muy rápido y estuve a full con la presentación… no le dije, igual no sé, él ya sabés que está más en otros temas…"

Helen: "Bueno pero es abogado al fin, algo va a poder decirte. Le contaste a tu primo?"

Yo: "No mamá! Cuál es el punto? A quién se lo conté o el problema en sí?"

Helen: "Ok, tranquilo, tranquilo! Contame a mí."

Yo: "Me reuní con el tipo que lleva el proyecto, nadie, un payaso, denso. Me mostró los planos, traje las copias. Van a levantar la cuadrícula y montar senderos, podés creer? Así me dijo: SENDEROS! Con puentes y un flujo de agua ah! porque en el club quieren poner un spa… qué nos pasa? Bueno, y el agua va a hacer como un circuito del orto que va a parar al spa trucho ese. También van a cambiar los pinos por hileras de palmeras, no entiendo qué pasa con los bonaerenses que se deliran con Miami, será por el clima que está cambiando? Bueno nada, hay reglas de, escuchá bien: convivencia!! Tengo que sacar las rejas de las ventanas porque da imagen de inseguridad, las plantas del frente no pueden ser NI lacito de amor NI planta de la moneda porque según el tarado este están pasadas de moda, las plantas!! No, es una pesadilla, bueno va ligustrina con formitas forras para todos, palmeras y ligustrina con formitas es como un batido de Miami con la Quinta Avenida, naaaa si son re viajados los locos! Nos van a poner una empresa de jardinería para mantener los espacios compartidos. Uno de los senderos con puentes pasa dos metros dentro de mi terreno asi que voy a tener topadoras y cien tipos metidos como un mes porque van a ganarle tierra al río para hacer una especie de rampa por donde van a pasar los de seguridad porque vamos a tener seguridad vestidos de blanco! como en Acapulco! Vamos a estar cercados, para qué? no sé, veníamos bien, no escuché de un solo robo desde que estoy ahí, de pronto nos vamos a lustrar las cabezas y se nos va a ver el brillo desde el Obelisco!! con qué fin? Que nos ROBEN! por qué mejor no ponen un cartel que diga 'Aquí vive gente robable' y nos ahorramos todo el carnaval!? no lo puedo creer, cuánta estupidez… Bueno, nada, mil cosas más, es un bajón, me explicó de la decoración escuchá, escuchá: decoración navideña y hellooooo!!!!!!! Halloween!, vamos a festejar Halloween! Naaaaaaaaa, bueno desde ya le dije que no cuenten con mi hijo y que no venga ni un pendejo a mi casa disfrazado de marmota porque lo devuelvo a la suya de los pelos… Haaalloweeeeen.. me quiero matar! Bueno, no van a poder venir más de la despensa a entregar comidas, sólo del supermarket, pero lo dijo así: supermarket, entendés? porque el goma este habla así, cada tanto mete una palabra en inglés, pobre idiota, no se cansa de practicar para distinguido y parece Daddy Yankee con fiebre, se ve que es de los que se tiran al sol a las doce porque tiene la piel que ya podemos hacer una cartera. Bueno y desde ya que no se dice más barrio sino country, va a haber control de entrada y tengo que pasar una lista con mis invitados frecuentes, qué es frecuente? dos veces a la semana? tres?  Ah! y van a revisar a las empleadas, podes creer? Viene medieval el asunto, por si se llevan cosas de las casas, ya le dije que a la mía ni se les ocurra…. Qué maldad, por Dios! A todo esto tenías que ver con la cara de alegría que el imbécil me contaba todo, como si me hubiera ganado la lotería, tan fresco me soltó 'Imaginate que vas a tener un nivel de vida soñado sin tener que pagar la entrada' SOÑADO le mandó! EEELLLL sueña con eso! Quién le dijo que yo sueño con palmeras?? Ahhh no y lo mejor? Esto ya no sé si lo dijo o lo imaginé del pedo que me agarré cuando llegué a casa, dijo flamencos, fla men cos, entendés? Vamos a tener pajarracos rosas saltando por ahí, UNA GRASADA!”

Helen: "Já! Estoy imaginando Disneyland!" dijo con una sonrisa tan calma que me descolocó.

Yo: "No es gracioso!"

Helen: "Bueno, ya podés respirar. Parecés un tomate con pelo."

Respiré… Helen se quedó en silencio, parecía que no le había bastado mi relato, se quedó tiesa como quien espera 'la mejor parte'

Yo: "Mamá, vos estás bien? Tomaste la medicación? Qué te pasa? Se fumaron un cactus? No escuchaste lo que te conté?"

Helen: "No seas grosero." me reprendió y me dejó sorprendido. Quién era esa mujer? Helen nunca me había retado, jamás. No cedió ni un centímetro. Levantó la campana y la hizo repicar con un tono agudo que me aturdió.

Apareció Rose, Helen le pidió que retirara los restos del brunch y que trajera su té. Mi madre y yo nos quedamos mudos siguiendo los movimientos de Rose que cargaba los trastos en una bandeja. Sentí algo que nunca había sentido en mi vida: desilusión? No, eso ya me había pasado, pero era algo parecido.

Yo: "Perdón, me fui al carajo. No entiendo por qué reaccionás tan tranquila."

Helen: "Te decepcioné? Qué esperabas de mí?"

Mi madre parecía tenerme montado en una silla giratoria y con cada respuesta me daba otra vuelta que me dejaba más mareado.

Yo: "No sé… qué se yo! Pensé que te ibas a poner loca, que ibas a querer ver los planos, volar a Buenos Aires, ofrecerte para algo como cortarle el cuello al médico que me vendió la casa o… no sé, por lo menos darle una bofetada al guardia, no sé… eso creo que esperaba."

Helen: "Me vas a dejar hacer algo de eso?"

Yo: "No! no quiero que lo hagas, dije que pensé que lo ibas a querer hacer."

Helen: "Yo no quiero hacer más lo que no querés que haga. No tiene sentido dar contra tu pared, no nos ayuda."

Yo: "Ya lo sabías no? es eso? Amy te trajo los chismes? Para eso me la dejaste? Para que me espíe?"

Helen: "Amy no, Jorge! Por Dios! No la mezclemos en vano."

Helen volvió a reprenderme por segunda vez en el día y me sentí celoso de que defendiera a mi hermana de mí. Qué estaba pasando? Pasé a ser el malo de la película? Me clavó la mirada devolviéndome un silencio hasta que me hizo sentir tonto.

Yo: "Mamá, acabemos con este juego que te inventaste, qué onda? Ya sé que podés estar como Buda todo el día, dejá de repetirte mantras para no morderte la lengua y hablá, qué te pasa? Te enojaste porque no te lo dije antes? Estás ofendida?"

Helen: "Yo no repito mantras. Tu vida es un mantra hijo, un mantra de problemas que buscás todo el tiempo para no conectarte con vos mismo. No voy a ser más tu cómplice para eso, aunque me apartes."

Yo: "Yo busco problemas? Ok. Bueno, decime tu parecer, seamos prácticos, salgamos del problema."

Helen: "Vendé ahora…" no la dejé terminar "Me dan menos de lo que pagué!" le dije con bronca.

Helen: "Ok, voy a hablar yo. No es para necios vivir sobre un río, qué desperdicio! No aprendiste nada!  Vendé ahora y te vas con tu hijo a un departamento y evitás el caos de las reformas o esperás con mucha paciencia, te dejás llevar por la corriente y vendés en un año por el triple."

Yo: "Ah! Qué simple! No puedo creer que no te indigne siquiera lo que van a hacer. Qué pasó con tu espíritu combativo? Era un espejismo?"

Helen: "Querido, tengo una pintura de trescientas mil libras a tus espaldas. Quién te pensás que soy? Yo ya caminé mis 'No More War!' "

Yo: "Bueno, disculpame… No pensé que había un límite para el compromiso."

Helen se terminó el té de un sorbo, bajó las piernas y las cruzó. De pronto dejé de ver a la yogui y me encontré con una lady. El tajo de la túnica dejó ver su piel blanca y luminosa.

Helen: "Hijo, si uno se atreve a seguir caminando, llega un momento en la vida en el que damos con una esquina y el camino pega la vuelta, todo empieza a tener sentido y nos damos cuenta cuánta energía hemos puesto en contra de lo inevitable y cuántas causas posibles dejamos pasar de largo por estar montados al odio. Este es el punto: Vos estás yendo cachorro, yo estoy de vuelta."

Creo que llegué justo un día después que Helen decidió dejar de pedirme permiso para entrar en mi vida y decretó que ya era hora de ser mi madre.

Yo: "Por qué dijiste eso?"

Helen: "Qué cosa?"

Yo: "Que mi vida es un mantra de problemas."

Helen: "Porque así es. No podés estar en paz, la calma te produce pánico, los problemas te ponen enérgico, es una dinámica oscura."

Me dieron ganas de llorar.

Yo: "Por qué pasa eso?" le pregunté con un tono muy parecido al que usé hace muchos años para recriminarle las mentiras sobre Papá Noel, Los Reyes Magos y el Ratón Pérez.

Helen: "Porque no estás acostumbrado a ser feliz. La felicidad da miedo. A vos, a mí, a Amy, a todos nosotros. Pero la felicidad existe, tenés que dejar de enredarte en problemas y conectar con tu energía interior, hijo, tenés que hacerlo."

No se puede contradecir a un libro abierto, mucho menos cuando está ajado por todos lados y aún así sigue cosiéndose el lomo para tratar de ofrecer lecciones coherentes.

Esa noche dejé a Sergio cenando con la familia, me subí al metro y me fui al galpón. Helen tiene un ambiente cerca de Temple Church. Lo usa para pintar y borrarse del mapa cuando está rayada. Yo se lo uso de bulo cada vez que voy a Londres. Compré verduras con curry en la calle y me encerré a comer oliendo a pintura acrílica. En el galpón no hay mucho para hacer. No hay tele, no tenía inspiración para pintar nada y no sentía ni por casualidad ganas de conectarme con mi energía interior. Busqué en mi celular a Judson, el sobrino de Suzane y le mandé un mensaje: "Estoy en Londres". Me respondió a la hora y media, me dijo que terminaba de trabajar y pasaba a verme. Apareció a las dos de la mañana con una botella de vino tinto y arroz con pollo en cajita. No estaba tan bueno como lo recordaba, no sé, el corte de pelo como que no encajaba, pero vino tan dispuesto que me terminó encantando. Terminamos enroscados en la misma sábana. Cuando los lienzos que hacían de cortina no podían cubrir más la claridad, no nos quedó otra que mirarnos a los ojos y emprender esa tediosa ceremonia de "No, no me gustás ni un poco. Hubiera preferido que no te quedaras. Por qué me tengo que despertar con vos? Definitivamente el corte de pelo es espantoso. No te vuelvo a llamar en la vida. Quiero estar solo, quiero café. Desaparecé, tomate un taxi, volá!"

Judson se sentó en el colchón y con unas formas muy inglesas me explicó que tenía que irse. Le ofrecí café, es lo mínimo que hay que hacer cuando el chongo ya despertó en tu casa, es una cuestión de humanidad, para que no lo atropelle el primer auto que se le cruce por la calle. Judson me aceptó la taza y tomamos el café en silencio. Le abrí el portón y se fue sin más. "Bueno, de atrás no se ve tan feo el corte, quién sabe si no lo vuelvo a llamar…" pensé y lo saludé con la mano antes que desapareciera por la escalera.

"Qué hora es en casa?" dije mientras miraba el celular, "Las nueve... Naty ya debe estar arriba". Llamé. Me atendió Sol. "Qué hacés bonita? Cómo están?" "Todo bárbaro, vengo de la panadería, los chicos se durmieron re tarde porque hicimos asado." "Estuvo Facu?" "No, asado no, usamos la parrilla, vino Misé, hizo pizzas." No podía creerlo, de verdad se había ido a casa? qué colgado! le dije que me iba! No sé por qué pero me puse furioso. "Me escuchás?" "Sí, sí. Cómo está Toto?" "Re bien, estuvo tranquilo, Naty les armó la piletita, no querían salir del agua, todo bien. Vos estás bien? Sergio?" "Sí, bien, estamos bien. Ya mañana nos vemos. Escuchame, Misé te dijo algo?" "Si me dijo algo? Como qué?" "No, no sé, como yo le dije que viajaba, no sé por qué fue igual…" "Aaayy boludo! No seas celoso! Qué onda? No puede venir a vernos a nosotros?" "No, ya sé, ya sé pero me dijo que.. nada, no importa, todo bien, obvio que puede ir!" "Está acá, se quedó a dormir, querés que lo despierte?" "Se quedó!?" dije con un tono sacado, "Sí, qué pasa?" Me vino al pecho una ansiedad feroz y me sentí invadido a miles de kilómetros de distancia, qué me pasaba? Por qué me ponía tan pendejo? "No, no, dejalo que duerma. Tengo que salir Sol, te llamo antes de subir al avión o llamame vos cualquier cosa, dale besos a todos."

Ahí mismo fue, parado sobre el cemento del galpón, con el celular en la mano, una taza de café quemado en la otra y la piel todavía oliendo al perfume de Judson que volví a sentir los labios de Misé en los míos. Conecté con mi energía interior, de golpe y porrazo, una adrenalina tan concentrada que me dio nauseas. Fue un minuto, sólo un minuto pero tan intenso que quise quedarme encerrado en el galpón hasta pudrirme. Quién me creía que era para poner en hold los sentimientos de los demás? Con qué derecho arrastraba a mis pies al ser más puro que conocía? Me vi reflejado en el ventanal como un puto monstruo, inmaduro y malvado.

No fue ni por la emoción del reencuentro, ni por la tristeza que me generó la muerte de la tía, ni por la tensión de vivir con Paz, ni por los mil quilombos que tenía. A los veinte años, mientras yo seguía jugando a los novios con Loly, mi mejor amigo ya sabía que sentíamos lo mismo. El me buscó la boca y yo se la di. Me hice el idiota y dejé que aquel beso se fuera con las bolsas que regalamos con la ropa de Angelita. Misé se tragó las lágrimas y esperó con paciencia, haciéndose el distraído, pero nunca olvidó el detalle que me recordó años más tarde, en Río de Janeiro. Esa mañana lo desperté a los sacudones para preguntarle "Nene, vos pensás que soy gay!?" "Los amigos no se besan en la boca" fue su respuesta, ya sabía a lo que se refería pero me hice el amnésico. "Sí se besan, Facu le da piquitos a La Chiqui" le dije y bajé la mirada, mandé tanta fruta que logré hacerle honor a todo Brasil. "Los piquitos no te dejan la boca como un payaso, Polako." Me hizo sentir vergüenza. "Bueno, qué pasa? Soy gay desde que nos besamos? Era un momento un poco especial, no te parece?" "Sí, fue especial." "Bueno, ya fue eso. Te estoy hablando de lo que me pasa ahora." "Qué te irrita tanto? Ser gay o nuestro beso?" "Nada me irrita, lo decís así con ese tono…" "Qué tono?" "No sé, 'nuestro beso', como si fuera, no sé…" "Importante?" "Bueno, dale Nene! No me la compliques!" "Te la hago fácil. Te acordás lo que hicimos ese día?" "Qué hicimos? Sacamos la ropa de Angelita, eso?" "De dónde la sacamos?" "Del placard!" el Nene de palabras lentas me hizo una jugada tan rápida que quedé boquiabierto, como un chico frente al pase de vasos mágicos. Me dejó tan a la luz que me enojé y decidí olvidar el beso y la conversación para siempre. Misé se tragó las lágrimas por segunda vez pero ahora, evidentemente, había llegado a la esquina de su vida y ya venía de vuelta.

Sergio estaba concentrado en el video explicativo de qué hacer en caso de que el avión se venga en picada (Sergio siempre presta atención a esos videos, aunque haga tres vuelos en el mismo día, los mira como la primera vez y siempre repite lo mismo: que es una lástima que las azafatas no lo hagan más) Esperé a que terminara su programación, pensé que era mejor aguardar a que se tomara el Rivotril así, en caso de arrepentirme, tenía alguna chance de convencerlo que lo había soñado pero me pareció sucio. Mientras la aeronave todavía buscaba altura me hice de coraje y en un enredo muy parecido al de la presentación le conté el detalle que le venía ocultando desde hacía diez años.

Yo: "Sergio, te quería comentar una cosa, antes que te duermas. Un tema que me anda dando vueltas…"

Sergio: "Bueno, pero si vamos a mantener una jugosa charla como el nerviosismo de su voz promete, prefiero no dormir."

Yo: "Tan superado el licenciado, cree que lo sabe todo, no?"

Sergio: "Casi todo."

Yo: "Estuviste chusmeando con Helen, tramposo. Pero no es ese el tema, te vas a tener que conformar con el 'casi' "

Sergio actuó un gesto de curiosidad.

Sergio: "Ilústreme entonces."

Yo: "Bueno. Te acordás cuando murió Angelita?" Sergio asintió con la cabeza y frunció el ceño, creo que no pensó que iba a remontarlo en el tiempo. "Bueno, unos días después, un día fui a ayudarlo a Misé con las cosas de la tía…"

Sergio: "Debe ser el mismo día que te abrí la puerta, subimos por el ascensor, ayudamos a Misé con las cosas de la tía, vos te fuiste a tu casa y yo me fui con él a la parroquia." La concha del pato! Me olvidé de más, Sergio estaba…

Yo: "Bueno, sí. Ese día." Me puse nervioso. "Bueno…"

Sergio: "Qué pasó ese día?"

Yo: "Vos sabés lo que pasó?"

Sergio: "Pasó algo más aparte de lo que pasó?"

Yo: "Me estás jodiendo? Vamos a jugar al Gran Bonete?"

Sergio: "No, no sé. Es usted el que me quiere decir que pasó algo que no me termina de decir qué es…"

No podía ser que lo supiera. No se lo había dicho a nadie y Sergio no estaba en la habitación cuando nos besamos. Pero lo sabía, era obvio.

Sergio: "Te ayudo?"

Me crucé de brazos negando con la cabeza, lo sabía, qué lo parió!

Sergio: "Al Graaaaan Bonete se le haaaa perdido un beso firuleeeete y dicen que lo tieeeene un niño rubio metereeeete…"

Me quedé en silencio escondiendo la sonrisa.

Yo: "Yo, señor?"

Sergio: "Sí, señor!"

Yo: "No, señor."

Sergio: "Y entonces quiéeeen! lo tiene?"

Yo: "Michael Ernesto metereeeete."


Nos matamos de risa al notar que algunos compañeros de vuelo habían sentido curiosidad por los cantitos.

Sergio: "Bueno niño, mire, le tengo dos opciones: o le digo lo que pienso o me hago el sota." Soltó como descuidado, mirando al frente.

Yo: "Decime lo que pensás."

Sergio: "Muy bien." Hizo una pausa en silencio. "Pregunto, se lo contaste a Ana?" (Ana es mi psicóloga)

Yo: "Dejá. Hacete el sota."

Sergio sonrió meneando la cabeza, sacó un Rivotril del bolsillo de su camisa, se lo puso bajo la lengua, cerró la boca, los ojos y se durmió con una sonrisa sobradora. Yo no pegué un ojo en todo el vuelo y mantuve una lucha constante con mis pensamientos que forzaban por hacerse lugar entre las letras de Amy Tan y no me dejaron terminar "Un lugar llamado nada". Volví como me fui, ofuscado.

Facu nos esperaba en mi camioneta (Helen cumplió con su palabra de 'la vida dos puertas acabó'). Dejamos a un Sergio agotado en su casa y nos fuimos a la mía.

Facu: "Boludo, me contó Naty lo del country… una cagada! Qué pasó?"

Yo: "Todo bien, olvidate…. Ya me amargué por ese tema, ya fue."

Facu: "Qué te pasa?"

Yo: "Nada, mal humor, no sé… nada, hablemos de otra cosa."

Facu: "De otra cosa? Me estás jodiendo boludo? Te cagaron de arriba de un puente y de qué querés que hablemos? Del Dow Jones?"

Yo: "Sos un tarado…" me hizo reír

Facu: "Qué te pasa Polako? Estás bien?"

Yo: "No." Empecé a llorar.

Cuando llegué a casa tenía los ojos como picoteados por un panal de abejas. Sol se asustó. "Nada, no pasa nada, todo bien…" dijo Facu mientras alzaba a Paloma. Abrazar a Toto me consoló y a la vez me hizo sentir tan ridículo…. por qué estaba llorando? Me empecé a reír y Facu se contagió. Naty nos miraba un poco descolocada, de pronto se puso seria.

Naty: "Facundo!" le dijo mientras se ponía las manos en la cintura y se le plantaba aún con veinte centímetros menos.

Facu: "Qué? Qué!? Noooo, no, pará! En serio, me dio risa, estamos sensibles, nada más, Naty!!"

Naty empezó a juntar las cosas enfurecida, Sol me miraba con cara de desconcierto, Toto me insistía en que le agarrara la regadera de plástico.

Facu: "Naty, en serio, basta."

Naty: "Facundo, volviste a fumar, no me jodas, te conozco."

Facu: "Naty, basta, te dije que no!"

Naty: "Y manejaste así? Estás loco! Te voy a matar!"

Yo acaba de caer en la cuestión.

Yo: "No! Naty, no fumamos nada! Qué decís?" le dije con la regadera en la mano.

Naty: “Vos te miraste al espejo?” me dijo de una forma que me hizo sentir pena de mí mismo. "Facundo nos vamos ya! Cómo puede ser? Me lo prometiste boludo! Dame a Paloma!"

Me puse triste de nuevo, de pronto iba a ser el culpable de la ruptura del único matrimonio cuerdo que teníamos en la familia y todo por una confusión.

En los dos últimos años de colegio, en las escapadas nocturnas, adquirimos la costumbre de poner unos gramos de marihuana en una pipa fina y larga que pasaba de mano en mano y de boca en boca hasta que llorábamos de la risa y nos íbamos a dormir. Durante los años oscuros, a mi primo, la costumbre se le volvió adicción. Ya no había horario ni pipa, fumaba lo que le cayera en los labios y cuando le tocó dormir en estaciones de servicio llegó a cambiar comida por droga, así de simple. Ninguno de nosotros nos sentimos nunca capaces de juzgarlo, ni se nos hubiera ocurrido, después de todo fue para esa misma época que yo empecé a tomar tratando de encontrar a Sergio en un vaso de whisky, La Chiqui a internarse en maratones de cines porno buscando algo parecido al amor, Dieguito había empezado a alejar a Alicia de sus asuntos para firmar contratos frustrantes, Sol practicaba un corte de venas marcándose tajos en los brazos, Stelita se dejaba maltratar por el primero que la invitara a la cama, Lulo se prostituía con sus padres cambiando falsas novias por cuota universitaria y Misé le empezó a robar traguitos de ginebra a Cayetano López hasta que "se hizo hombre" y decidió comprarse botellas que se esfumaban en dos noches. Todos fuimos soltando de a poco aquellas tablas de salvación con olor a vicio pero a Facu le resultó más difícil y a la marihuana le siguieron otras hierbas no tan finas. Cuando Facu reapareció en mi vida era un adicto rotundo. Naty tuvo la suerte de enamorarse de un cabeza dura con ADN cien por ciento Paz, logra lo que quiere, no importa lo que sea. Cuando Naty cumplió el sexto mes de embarazo, Facu salió al balcón y se fumó el último porro. Mató esa adicción con la misma fuerza con la que podría matar a golpes a otro ser humano.

Sol trataba de calmar a Naty que no podía con sus nervios, estaba desorientada. Se le soltó el nudo que tenía en el pelo y quedó en evidencia, con una mirada desquiciada que me recordó a Loly. Tuve que sacudir la cabeza para volver al presente. Facundo decidió que ya era suficiente melodrama y se corrió del papel de novio suplicante. Se paró firme, se colgó a Paloma de un brazo y le pasó una mano por la frente a su mujer hasta dejarla peinada como de peluquería.

Facu: "Natalia, mirame. A mí me lo prometí, no a vos. No voy a caer. Podemos dejar ese miedo?" Me retumbó la palabra en la cabeza. Qué estaba pasando en mi familia? Se habían anotado todos al mismo curso de autoayuda y no me habían avisado? "Por favor" le dijo Facu. Naty hizo puchero y mi primo la atajó antes que rompiera en llanto, se quedaron abrazados largo rato, apretujando a mi ahijada.

Después de asistir a semejante capítulo de "La Bella y La Bestia", despedir a la feliz pareja, tomar un té con Sol, darle de comer a Toto, alcanzar a la señora que limpia hasta la Panamericana y dormir a mi hijo, logré llegar a mi cuarto. Despegué el acolchado de la cama con la ilusión de dormir hasta partir el sommier, con tanta energía que una mariposa salió volando por el aire. La seguí con la mirada y la vi caer al piso. Era un sobre. Llevaba mi nombre con una letra tan retorcida que sentí que había recibido correspondencia de Tutankamon.

"La escribí a los diecisiete, el día que tendría que haberme graduado. Estaba en la biblioteca y te extrañé tanto que me dolió el pecho. Llamaron a una ambulancia. La médica me preguntó si estaba angustiado por algo. No le respondí nada. La tía me hizo acostar en su cama y me dio un té de malva que tenía un olor horrible. Me dijo que era mal de amores. A la madrugada me desperté cantando esto y la escribí pensando en vos. Tardé tanto que cuando terminé ya no te extrañaba y me volví a dormir. Cuando me desperté sentí miedo y se lo dije a la tía. La tía me llevó con la Virgen de la Medalla Milagrosa, me hizo arrodillar y me dijo que se lo contara a ella. Le pedí a la Virgen que me avisara cuándo te lo tenía que decir. Anoche soñé con la tía, estaba haciendo té de malva y tenía esta carta en la mano, me la mostró. Esta mañana la busqué y lo pensé todo el día. Me da miedo amarte pero lo tenés que saber, sí o sí porque pedí la señal y me la dieron. No le puedo fallar a Angelita.”

Desplegué un papel grueso que tenía escrito a lápiz una especie de chorizo de palabras, era un poema tan conocido que con sólo ver la métrica se me anudó la garganta. "Hay algunos que dicen que todos los caminos conducen a Roma…". Fue una de las primeras canciones que Sergio nos cantó al piano, a los trece años.

Así como estaba agarré mi mochila, saqué la notebook y metí pañales. Agarré a mi hijo y lo acomodé en el asiento de atrás medio dormido. Encendí la camioneta y manejé con la vista nublada y una piedra en el pecho. No lo llamé, no le avisé, no quise que nada interrumpiera mi intención. Encontré lugar a dos cuadras, la camioneta quedó estacionada tan para el orto que casi me tengo que tomar un taxi hasta el cordón. Me puse la mochila por la espalda y a Toto por el frente y caminé hasta verle las canas.

Sergio ya estaba envuelto en su bata de toalla verde, con los pelos mojados, un whisky esperando en el balcón y el habano recién encendido. Toto se le trepó al cuello como un monito y le sacó los lentes. A Sergio le quedaron los ojos al descubierto, estaba cansado. Me sentí egoísta por haber irrumpido en su descanso y me sentí triste como cada vez que descubro que Sergio se está poniendo grande, quisiera congelarlo.

Sergio: "Qué pasó niño? En busca de qué viene?"

Me hizo reír. Sergio me hace sentir muy obvio y me aterra pensar que soy transparente ante las personas pero después me acuerdo que él me conoce demasiado, más allá de los límites permitidos para conocer a alguien que no es uno mismo. Es peligroso que alguien te conozca así pero a mí me salvó la vida. A Sergio es al único ser que le firmaría una hoja en blanco, un libro en blanco, una biblia, un pergamino infinito, un juramento eterno, sin dudar. Pero él nunca pide nada de eso. Es imposible venderle el alma a quien te la encendió.

Me saqué la mochila y la tiré en el futón, abrí la heladera y le robé una cerveza negra. Me senté en el balcón con los pies sobre la baranda. Corría un viento cargado de humedad, olía a agua. Sergio se sentó en su reposera con Toto a upa y se reclinó dejando que él se acomodara a su gusto. Toto se tildó mirando las luces de la ciudad, recostado en el pecho de Sergio y se volvió a dormir. Nunca dejará de sorprenderme ese don que tiene con los chicos, es como un frasco de ese aceite dulce que acaricia la frente y eclipsa el ritmo de los corazones más inquietos, eso especial que tiene Sergio, esa luz talentosa.

Respiró profundo, haciendo que Toto subiera y bajara como en un colchón de plumas. Le quitó los lentes suavemente y se los puso de nuevo. "Qué te está pasando?" me preguntó. Saqué la carta de mi bolsillo y la desplegué. Ya de reojo, Sergio notó que la letra era conocida y ese lápiz negro único.

Sergio: "Te digo lo que pienso o me hago el sota?"

Yo: "Decime lo que pensás."

Sergio: "Están los dos muertos de miedo."
M


SIN TU LATIDO - L. E. AUTE