Profile IV. Parte 2
"Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín,
lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí."
lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí."
(Joaquín Sabina)
El viernes 24 de junio de 1988 Sara Cosentino se despertó a las seis de la mañana. Abrió los ojos y se encontró con las mariposas rosadas del empapelado del cuarto de Irina, se asomó y la vio durmiendo como un angelito en la cama suplementaria. Se sentó en la cama apoyando las manos en las rodillas y sus pies sintieron el calor del piso, la caldera estaba encendida. Tomó aire y se paró. Caminó en puntas, tratando de no pisar a su sobrina, se fue al baño y se duchó largo rato. Cuando salió pasó por el cuarto de Dieguito, estaba dormido, destapado, lo tapó. Volvió al cuarto de Irina y en silencio sacó la ropa que había colgado en la silla la noche anterior. Bajó las escaleras, entró a la cocina, encendió la cafetera y se fue al living a cambiarse. Se puso una camiseta amplia, un chaleco de lana verde y se acostó sobre el sofá para subirse el cierre del pantalón. Mientras mantenía la respiración, se topó con una foto donde Mariano aparecía sonriente y bronceado, con su gesto de tarambana. "Qué hijo de una gran siete!" pensó. Volvió a la cocina, sacó pan de la heladera y lo puso a tostar. Miró la hora en el reloj de la pared,"siete menos veinte", sacó la frutera de la mesa y puso el mantel. Subió las escaleras y se fue al cuarto de Alicia, abrió la puerta despacito.
El viernes 24 de junio de 1988 Cristina Arieta se despertó con el ruido de una cortadora de césped, a las ocho de la mañana. Se sentó en la cama, se levantó el antifaz que se había afanado de Aerolineas Argentinas, miró el reloj y sintió furia. Revoleó el antifaz por el aire, se paró sobre sus pantuflas con pompones, se puso una bata de satén roja y bajó las escaleras como un relámpago. Se paró frente al ventanal del comedor y vio al jardinero con la bordeadora, lo más tranquilo. Se cruzó de brazos. "SSHUUUUULiiiiiiiiiii!" gritó sin moverse. A Yuli se le paró el corazón del susto y soltó la taza que estaba lavando, se rompió. Se secó las manos con el repasador y se fue con pasito apurado al comedor.
Cristina Arieta: "Shuli, cuántas veces le dije que los viernes me gusta dormir hasta tarde? Digamé, cuántas veces se lo dije?"
Yuli: "Sí, ió sé seiora pero…"
Cristina Arieta: "Shuli, cuántas veces?"
Yuli: "Muchas seiora."
Cristina Arieta: "Es la última vez que se lo dejo pasar. La semana pasada me rompió dos copas que eran MUY caras y se olvidó de ‘shevarme’ el sacón a la tintorería. Esta semana 'sha' 'shegó' tarde el martes y me tuve que hacer el ‘desashuno’ y hoy me deja entrar al jardinero a la hora que a EL se le canta. Qué está pasando Shuli? Estamos en su casa o en la mía?"
Yuli: "En la suia seiora."
Cristina Arieta: "Me hace el ‘desashuno’ y me lo ‘sheva’ arriba. Me voy a bañar que voy a salir. Mañana es un día MUY importante Shuli, tengo que estar ‘rilash’, entiende?"
Yuli asintió con la cabeza y se quedó tildada, con el repasador en las manos como si fuera el rosario de una novia.
Cristina Arieta: "'Vasha'. 'Vasha' le digo!"
El viernes 24 de junio de 1988 Alicia Cosentino se despertó a las seis y media de la mañana. Apagó el despertador, se dio vuelta lentamente y pasó su mano por el lado izquierdo de la cama. Nada, las sábanas lisitas, como recién planchadas. Sintió ganas de llorar pero ya no le salía ni una lágrima, estaba seca. Sin moverse estiró un brazo y encendió la lámpara de la mesa de luz. Entre blisters de tranquilizantes y ansiolíticos, encontró el espejito de bronce que su tío Enzo le había regalado a los quince años. La imagen que vio de sí misma no era muy diferente a la que había visto la mañana anterior, ni a la del miércoles, ni a la del martes, ni a ninguna de las últimas noventa mañanas. Tenía los ojos como dos ciruelas y la piel demacrada. Ya se había acostumbrado a dormir con maquillaje por si a Irina se le ocurría pasarse a su cama en medio de la noche. Sara abrió la puerta del cuarto despacito y asomó la cabeza. Alicia se tapó hasta las orejas como una nena. Sara entró, cerró la puerta y se recostó al lado de su prima. La destapó lentamente y al verla respiró con resignación.
Sara: "Es la última vez, Ali. Se los tenés que decir. Esta tortura se tiene que terminar."
Alicia: "Mañana Sarita, te lo juro."
Sara le dio un beso en la frente y le levantó apenas la persiana, todavía no amanecía. Le apagó la lámpara y la dejó a oscuras.
Sara: "No pasa de mañana."
Alicia cerró los ojos, respiró profundamente y asintió con la cabeza. Sara se fue cerrando la puerta. Alicia volvió a caer en un sueño pesado. Sara preparó a los chicos, les dio el desayuno, los abrigó y los subió al micro. Los saludó hasta que se le cansó el brazo y se fue a la parada del colectivo, estaba agotada.
Sara se durmió contra la ventanilla y se despertó una parada más tarde, tuvo que caminar varias cuadras. Para ese entonces, con cuarenta y un años, Sarita ya tenía sobrepeso y cada paso le restaba oxígeno. Hacía mucho frío a esa hora de la mañana. Se tomó un taxi hasta Cabildo y se dispuso a esperar el segundo colectivo que la llevaría hasta su casa, en Flores.
Cuando abrió la puerta sintió ese olor que se siente al volver de las vacaciones. Su departamento estaba esperándola, tal como lo había dejado aquella mañana en la que su prima la despertó por teléfono, llorando. Sara, acostumbrada a sus trasnoches con La Rodante, solía dormir hasta entrado el mediodía para reponerse y aliviar la voz. Ese día no lo dudó, al escuchar la desesperación de Alicia, se volvió loca y salió disparada del departamento dejando su vida en suspenso. Así tal cual la encontró, como la dejó.
Se fue directo a la cocina y se preparó un café espeso. Repasó la correspondencia, algunos sobres tenían advertencias en rojo, los tiró sobre la mesa sin abrir ninguno. Estaba de mal humor. Se llevó el café al living y se sentó en el sillón. Cada vez que la imagen de Mariano Méndez se le cruzaba por la cabeza sentía una furia que nunca había sentido antes, su instinto asesino la asombraba, se imaginaba saltando sobre aquel hombre hasta hacerle estallar los órganos. Cuando dejó de sentir odio por Mariano empezó a sentir preocupación por sus sobrinos, qué iba a pasar con esos chicos? Cómo iba a seguir Alicia? Sara contempló la posibilidad de dejar el canto y mudarse con ellos, si alquilaba su departamento podían tirar bastante bien, por lo menos para que los chicos terminaran el primario iba a alcanzar. Empezó a sentir una tristeza terrible, sintió ganas de abrazar a su hijo, la vida se le vino encima. Levantó el tubo con la intención de llamar a Italia pero lo encontró sin tono, se lo habían cortado, con lo que costaba en aquel entonces que te devolvieran la línea…
Sara no quiso saber más nada. Se fue al cuarto y así como estaba se dejó caer en la cama, se quedó dormida con su brazo gordo sobre los párpados.
Alicia se despertó al mediodía. Se bañó para despejarse. Se ató el pelo mojado con un broche, se llenó la cara de crema y bajó a la cocina. Al entrar sintió una correntada de aire helado. Gisela estaba limpiando las ventanas.
Gisela: "Alicia, buen día, espere que cierro que se va a resfriar."
Alicia: "No, Gise, dejá, terminá que me pongo algo de…"
Alicia se fue al perchero de la entrada a buscar algún abrigo. Volvió con una bufanda azul enroscada en la cabeza. Gisela no se sorprendió, hacía rato que para la señora, las combinaciones habían dejado de ser una prioridad.
Alicia: "Ya está. Vos cómo estás? Alguna novedad?"
Preguntó mientras ponía la pava.
Gisela: "Y acá andamos, como se puede... Ah! me la encontré a la señora Sara cuando entré, me dijo que se iba a su casa, que la llama más tarde."
Alicia: "Ay pobre prima mía, es una santa, si no fuera por ella…"
Alicia agitó el mate para sacarle el polvo, probó el agua y volvió a poner la pava en el fuego. Se fue al comedor y volvió con una pila de papeles. Abrió un cajón, sacó una calculadora y se sentó en la barra de la mesada.
Gisela la observaba por el reflejo del vidrio. No lo podía evitar, cada día sentía más pena por Alicia, la angustiaba verla tan triste, tan buena que era…
Durante el mes que siguió a la carta de Mariano, Alicia pensó en cada acontecimiento de la vida cotidiana como un posible suicidio. Se imaginaba metiendo la cabeza en el horno, tirándose a la pileta con dos macetas atadas a los tobillos, tomando lavandina "on the rocks" o resbalando en la bañera tratando de dar justo la nuca contra la canilla. Alicia dice que en aquel entonces ni sus hijos la detenían, la razón por la que no se mató fue porque il babbo, después de recibirla en el Cielo con un beso, la hubiera mandado de nuevo a la vida de una patada en el ojete.
Se sentía ahogada en su propia angustia, asfixiada por un sufrimiento que la aplastaba contra las paredes de la casa que Mariano había construido. No encontraba paz en ningún rincón. Las fotos familiares la torturaban pero se negaba a mover nada de lugar, al principio para que los chicos no sospecharan, después por pura esperanza. Alicia tardó años en entender que Mariano no iba a volver nunca y se acostumbró a convivir con su fantasma. Al entrar a la casa de Dieguito, todos notábamos esa presencia ausente, alguien que no estaba pero ocupaba lugar. La mamá de Dieguito era una señora eternamente casada con el aire, el de su casa.
Ese mediodía Alicia dejó el romanticismo de lado para preguntarse cómo iba a mantener a sus hijos. Mariano le había dejado pocos ahorros y una casa invendible. Las cuentas no le cerraban por ningún lado. De repente, su vida de clase media le pareció altísima y no encontraba nada más para suprimir, ya le había avisado a los jardineros que no los iba a necesitar más, había tapado la pileta con el cobertor, había tachado de la lista del super los "productos de lujo" y le había dicho a Gisela que la perdonara pero no iba a poder tenerla más todo el día. Las cifras más altas tenían que ver con los chicos: el colegio bilingüe y la prepaga, ninguna de las dos cosas estaba en duda y se negaba a aceptar la ayuda de Sara.
Alica: "No, gorda, no me insistas con eso, ya te dije que no lo voy a aceptar."
Sara: "Pero Alicia, escucháme, no seas testaruda! Para qué tengo los ahorros? Para la familia!"
Alicia: "Para mandarle a tu hijo, para irte a Italia, para lo que vos quieras, no para mí."
Sara: "Y qué vas a hacer? Vas a salir a trabajar con esa cara? De qué? con quién vas a dejar a los chicos? Lo que ganes se lo vas a tener que dar entero a Gisela, no tiene sentido. Dejame que te ayude!"
Alicia: "Ya me estás ayudando, un montón me estás ayudando, qué haría sin vos?"
Sara: "Por qué no la llamás a tu suegra? Es la abuela! Al…"
Alicia: "Ni me la nombres! No se te ocurra. Ese es un tema cerrado Sara!"
Sara: "Pero Alicia! qué cabezona! Hacelo por los chicos!"
Alicia: "Por los chicos!? Que hizo la abuela por sus nietos? Nada hizo! A ella sólo le importa su hijito, por los chicos le pedí que me dijera dónde estaba Mariano, y? ni un pelo se le movió, se hizo bien la boluda! Para mí está muerta!"
Sara: "El orgullo no te va a llevar a nada…"
Alicia: "No es orgullo, es dignidad! Los Cosentino sólo le rogamos a Dios."
Sara: "Los Cosentino?? Ja! Me hacés reír! Sabés lo que hubiera hecho tu viejo? Los hubiera molido a palos! A Mariano y a la vieja chota!"
Alicia recordó los ojos sacados de Sara y se le dibujó una sonrisa. Cuando volvió a la actualidad de su cocina, Gisela ya se había ido arriba a arreglarle el cuarto. Alicia dejó los papeles en la mesada y se fue con el mate al living, estaba desorientada. Abrió el cajón del bar y sacó los cigarrillos. Se prendió uno y se sentó en el sofá, pensativa. Recorrió la sala con la mirada, como si fuera la de otra Alicia y ahí, en la biblioteca, vio una foto que le hizo un nudo en el estómago. Era Dieguito soplando cuatro velitas celestes, ella lo tenía a upa y soplaba con él. Se vio tan distinta… bronceada, más joven. Se paró y fue a buscar el marco. Estuvo un rato parada, mirando la foto. Se lo llevó a la cocina.
Cristina Arieta pasó toda la mañana en la peluquería. Se hizo la tintura platinada, se hizo pasar la planchita y pintar las uñas de un rojo brillante. Al mediodía se fue hasta el shopping nuevo a buscar algún vestido negro que le disimulara las caderas. Estaba ansiosa. Se probó varias prendas pero ninguna la terminaba de convencer, si no le hacía arrugas en el escote le marcaba demasiado los muslos o parecía "de vieja". Fastidió a varias vendedoras hasta que finalmente encontró uno que la hizo sentir parecida a Karina Rabolini. Salió del shopping con las bolsas y volvió a la peluquería. "Ay darrrrling, volví! Necesito hacerme un recogido que me quede bien con esto!" le dijo a su estilista mientras le mostraba el vestido negro.
Alicia se pasó una hora haciendo cuentas. Calculaba ingredientes, tiempos y gastos y los anotaba en un cuadernito. Cuando Gisela la saludó, a las dos de la tarde, Alicia apenas si levantó la mano, estaba concentrada. Cuando terminó, se comió una tostada con morrones y se dijo que sí, era posible. Esa misma tarde saldría por el barrio a ofrecer tortas de cumpleaños. Después de todo, era lo que mejor sabía hacer. Subió a su baño, se peinó el pelo y se untó la piel con base mientras improvisaba "Hola, soy Alicia, vivo acá cerca, sobre Esmeralda. Vengo a ofrecerte mis servicios, hago repostería para fiestas…", lo que no le cerraba mucho era lo de “servicios”, tendría que buscar alguna otra palabra. Antes de salir se miró en el espejo de la entrada y se puso brillo en los labios, se sentía horrible. Se colgó la cartera cruzada, se enroscó la bufanda azul en el cuello, se puso un tapado gris y salió a hacerle frente al frío.
Se alejó varias cuadras de su radio, sus vecinas eran buena gente pero desde que el auto de Mariano no estaba, habían empezado a hacer correr los chismes y ella no quería dar lástima.
Cristina salió de la peluquería a las cuatro de la tarde, caminando con una rigidez sobrehumana, como si llevara un florero en la cabeza. Tenía un peinado "estilo banana" tan abultado que los transeúntes se daban vuelta al verla pasar, ella estaba chocha. Subió con cuidado a su auto y agarró la onda verde de Libertador para no tener que mirar hacia los costados. Cuando llegó a su casa vio que una rubia natural estaba tocando el timbre, le dio envidia. A Cristina le hubiera encantado ser rubia, más que cualquier otra cosa. Ella decía que prefería tener menos teta pero el pelo rubio.
Cristina dio dos bocinazos que a Alicia la hicieron saltar del susto.
Cristina: "Buscabas a alguien!?"
Alicia pensó que acaba de conocer a Ivana Trump.
Alicia: "Sí, a la señora de la casa. Sos vos?"
Cristina: "Sí, decime. En qué te puedo 'ashudar'?"
Alicia se sintió indigna. Tanto se le notaba que necesitaba ayuda?
Alicia: "Qué tal? Yo me llamo Alicia, vivo acá a ocho cuadras, sobre Esmeralda. Hago tortas, las vendo, bueno, repostería en general y…"
Cristina: "Aaaaaayyyyyyyyyy! Me salvás la vida! Esperá que entro el auto y hablamos, esperá."
Alicia se quedó petrificada en la vereda pensando que no podía ser tan fácil, estaría soñando?
Cristina le hizo señas de que pasara por el portón. Alicia entró cautelosa, siguiendo los pasos del auto, mirando hacia atrás. Cuando Cristina se bajó, Alicia se sintió como un hongo, el peinado y los tacos de su interlocutora la hacían ver como treinta centímetros más alta. La nariz se le atoró ante la mezcla de olor a spray con “Poison” y se sintió tan desalineada que se le revolvió el estómago.
Cristina: "Ay no sabés, esperá, teneme esto, me tenés esto?"
Alicia le sostuvo dos bolsas mientras trataba de disimular su asombro ante tanto accesorio, sentía que estaba frente a un árbol navideño con lentes.
Cristina: "Ahí está. Siempre ando con tantas cosas… dónde tengo las ‘shaves’? Bueno, no importa."
Alicia observó a Cristina caminar en puntas de pie, sobre sus botas charoladas, tratando de no enterrarse en el césped lateral de la casa.
Cristina: "Shuliiiiiiii! Shuuuuuuliiiiii! Abramé!!"
Alicia seguía parada detrás de Cristina, cargándole las compras. Cristina se dio vuelta con una sonrisa. "Sha entramos" le dijo.
La casa era hermosa por fuera, con una decoración horrible por dentro. Había un ventanal de vidrio enorme con una cortina tan cargada de volados que a Alicia le recordó a su vestido de casamiento.
Cristina: "Vení que nos sentamos en el 'livinrum', querés café?"
Alicia: "Bueno, si no es molestia… igual en un rato ya me tengo que ir."
Cristina: "Dale, sentate ahí." le indicó con los movimientos de una anfitriona torpe.
Cristina se fue a la cocina. Alicia se quedó sentada en un sofá demasiado mullido, se sentía tan chiquita que tuvo miedo de quedar atrapada entre los almohadones. Cristina volvió con Yuli detrás que cargaba una bandeja de acrílico roja con dos tazas de café, dos cucharitas, una lechera que decía 'milk', una azucarera que decía 'sugar' y un frasco de edulcorante líquido.
Cristina: "Te decía que me venís como 'anisho' al dedo porque mañana tenemos con mi marido un almuerzo RE importante. Es con los jefes de mi marido, resulta que mi marido entró hace casi un año a este puesto y todavía no le hicieron el contrato definitivo. Pero no sabés, cuando se lo hagan… vida nueva! 'sha' queda hasta retirarse y es el mejor puesto que 'hashamos' soñado jamás…"
Alicia se empezó a sentir descompuesta. El olor de esa casa le era tan ajeno que no podía dejar de sentirse una desubicada y esa mujer le resultaba ordinaria. Empezó a asentir con la cabeza cada vez que Cristina le preguntaba "no te parece?"
Cristina: "…la hora de mudarme de este barrio de cuarta, no te parece de cuarta? Son todos unos chismosos, estoy cansada de vivir así, como hacinados. Las casas tan pegadas… esto es fino? Te parece? Mirá, 'sho' 'sha' tengo en vista un 'cantri' cerca de Garín que te ofrecen planes buenísimos. Está cerca del campo de golf, 'sho' quiero que mi marido juegue al golf, 'sha' le dije que cuando vivamos en el 'cantri' se va a poder relacionar mejor, él es un poco introvertido pero vivir acá lo pone peor, esta gente no es como uno, no te parece? Asi que todo lo que tiene que pasar es que mi marido quede en ese puesto y vos me vas a 'ashudar' porque tengo que deslumbrar con mi torta. Ay! Anoche no me podía dormir pensando! Las panaderías del barrio son todas iguales, ninguna tiene nada nuevo, de nivel, no te parece? 'Sho' pensé en algo con estilo 'britich', no te parece brutal?"
Alicia: "El qué? Disculpame, no te entendí."
Cristina: "Ja ja, no te preocupes, es que te lo dije en inglés, 'bri tich', inglés, sería..."
Alicia: "Ah, claro. Bueno, la verdad es que repostería inglesa nunca hice. Lo más parecido puede ser la torta galesa pero es bastante simple como para llevar a una reunión como la que me decís… le puedo hacer una decoración más… fina?"
Cristina: "Brutal! galesa suena taaaan bien… Lo que sí, necesito que parezca que la hice 'sho' así que tendría que ver cómo la hacés, por si me preguntan… por qué no te venís con las cosas? Cobrámelo aparte."
Alicia lo pensó dos veces, no le caía nada bien esa mujer pero por lo que decía, parecía tener relaciones interesantes para el negocio de tortas.
Alicia: "Te molesta si traigo a mis chicos? Es que no están acostumbrados a que falte mucho rato de casa…"
Cristina: "Para nada! les ponemos la 'tiví'!"
Alicia asintió. Cristina quiso darle plata para que comprara los ingredientes pero Alicia le dijo que lo arreglaban después. Ese trato de “empleada doméstica” no la terminaba de convencer. La plata la necesitaba pero ella también tenía perfume francés en su armario.
Cristina le ordenó a Yuli que acompañara a Alicia hasta la puerta, quedaron en verse en una hora. Alicia salió tan apurada que al cruzar la reja se llevó puesto a quien entraba.
Alicia: "Uy perdón!"
Sergio: "No, no, disculpe usted, el torpe soy yo. Hola Yuli, muy buenas tardes, cómo está? Señora, la conozco?"
Alicia: "No, soy Alicia Cosentino, vine a hablar con Cristina. Y usted?"
Sergio: "Qué bien, no, yo no, yo vine a buscar una carpeta que me olvidé esta mañana. Sergio Martínez, el marido de Cristina, un gusto."
Le dijo mientras le tendía la mano con una sonrisa. Alicia reconoció en Sergio los mismos gestos caballerosos que tenía el viejo Lucio, su padre debía haber sido muy parecido a esa edad. Sintió emoción.
Alicia: "Mucho gusto." dijo con los ojos mojados.
Sergio: "Bueno señora, no la retengo más. Si me permite…"
Alicia se quedó asombrada. Cómo podían ser esos dos marido y mujer? Cómo se hacía ese peinado con un marido tan bajito! Qué mala esposa, lo iba a hacer quedar como un boludo… pensaba mientras caminaba apurada, ya era la hora de salida de los chicos.
"Reina! Qué peinado! Cómo va su día?" dijo Sergio y siguió de largo al escritorio.
Cristina: "Qué hacés acá? Pasó algo?" le preguntó mientras lo seguía por la casa.
Sergio: "Algo, algo… sí, que me olvidé una carpeta… qué cosa seria! Creí haberla dejado acá."
Cristina: "Shuuuuuliiiiii!"
Sergio: "Dejála, dejála, ya la tengo, estoy perdiendo mi valiosa memoria visual."
Yuli: "Sí seiora?"
Cristina: "Nada, 'vasha'. No sabés, Ser, esta mañana casi la mato, me hizo entrar al jardinero a las ocho! Te parece?"
Sergio miró a su mujer por encima de los lentes, estaba concentrado, leyendo unos papeles.
Sergio: "Ay Cristi, Cristi… esa pasión que le ponés a algunas cosas… Me tengo que ir volando, reina. Por cierto, quién era la mujer que salió recién?"
Cristina: "Ah, la viste? Nadie, una que vive por acá, hace tortas. Le encargué una inglesa para 'shevar' mañana, voy a decir que la hice 'sho', te voy a hacer quedar como un duque!"
Sergio: "Si usted lo dice…"
Le dio un beso a su mujer en el dorso de la muñeca y salió disparado al colegio.
Alicia llegó pasadas las cinco, le avisó al del micro y se llevó a los chicos de un tirón.
Alicia: "Vamos, apuren que tenemos que ir a un lugar, Irina! la mochila, vamos!"
Dieguito: "A qué lugar?"
Alicia: "A lo de una amiga mía, me pidió que la ayude con una torta asi que pasamos por casa, toman la leche rápido y nos vamos. Cómo les fue? Irina, dale, dame la mochi que la llevo yo."
Dieguito: "Qué amiga?"
Alicia: "Cerca de casa, no la conocen. Tiene una tele enorme!"
Irina: "Yo quiero torta!"
Alicia: "Bueno, mañana hacemos una de dulce de leche."
Dieguito: "Yo me quedo con la tía."
Alicia: "No está la tía, se fue a la casa."
Dieguito: "Me quedo igual."
Alicia se quedó en silencio, no le gustaba que los chicos estuvieran solos en la casa, les podía pasar cualquier cosa pero Diego ya tenía doce años y a ella iba a venirle bien que se le despegaran un poco.
Alicia: "Bueno, quedate, voy a tardar un par de horas. Vos, Iri, venis conmigo, dale?"
Irina asintió con la cabeza.
Sergio esperó a que terminara el té de las cinco, observó como todos volvíamos a nuestras clases y se fue a su despacho. Cerró la puerta con llave, se sentó en su escritorio y sacó del cajón las llaves del archivo. La Licenciada Marta Tenno le había dejado a su sucesor un informe detallado y prolijo de más de trece años de trabajo, que se sumaba al informe de la Licenciada María Estela Longo y así sucesivamente.
Sergio se dirigió al archivo, lo abrió en el bloque Primaria Séptimo Curso y guardó una carpeta con el nombre Hamilton, Ignacio. Lo cerró y salió del despacho. Atravesó el hall central y subió las escaleras de la izquierda. Tocó en la puerta de Primaria Segundo Curso, abrió.
Sergio: "Buenas tardes, Miss Corina. La incomodo si me quedo a presenciar la clase?"
Miss Corina: "Para nada. Chicos, cómo saludamos al licenciado?"
Chicos: "BueeenastaaardesMiiiisterMaaartiiiínezDeeelioo."
Como en un programa de televisión, Alicia enumeraba en voz alta cada movimiento.
Alicia: "… y ahora picamos las nueces y las dejamos remojando en el ron…"
Yuli anotaba todo en un papelito y Cristina miraba asombrada, nunca hubiera imaginado que una torta “shevaba tantas cosas!”
Alicia: "… y ponemos así, en tooooda la bandeja para enharinar las pasas…"
Irina se había quedado dormida en el sillón mullido.
Alicia: "Ahora vamos encendiendo el horno BIEN fuerte."
Yuli dejó el papelito y con paso apurado, se fue a encender el horno.
Sergio se había sentado en el último banco, muy tranquilo, con los brazos cruzados. Escuchaba a Miss Corina hablar sobre los animales de la Patagonia mientras los chicos los iban marcando en sus láminas. Cada tanto, alguno se daba vuelta y lo miraba con curiosidad, Sergio sonreía y le indicaba que mirara al frente. A los chicos les daba risa su moñito, el pelo enmarañado y su manía de acomodarse los lentes. A los más grandes nos generaba amor y odio, según el día. A la Señora Directora, la tenía convencida de que era un mamerto sin experiencia y a las maestras las tenía enamoradas con su lenguaje barroco y los Marroc que saltaban de su bolsillo. Pero para todos, con sus treinta años, Sergio representaba una incógnita.
Alicia: "… vamos probando con el cuchillo, así…"
Los ojos de Yuli y Cristina seguían los movimientos de las manos de Alicia. Irina apareció en la cocina, despeinada y con los ojos rojos.
Irina: "Me quiero ir a casa."
Alicia: "Ya vamos, falta un ratito. Sentate ahí tranquila, dale."
Cristina" “Querés dibujar? Mi marido tiene muuuuuchos 'crashones'!"
Irina asintió con la cabeza y sonrió.
Yuli fue al escritorio. Volvió con una caja enorme, llena de colores y un block de hojas blancas.
Sergio miró la hora en su reloj, "seis y media". Se paró y le hizo señas a Miss Corina para que continuara, se fue en silencio. Bajó las escaleras corriendo y entró en su despacho. Se fue directo al archivo y buscó en Primaria Segundo Curso. Sacó una carpeta, cerró el archivo y sonó el timbre de salida.
Alicia: "Bueno, la dejamos enfriar y vamos preparando el glasé."
Cristina: "Ay qué difícil!"
Alicia: "Es cuestión de práctica. Este lo hacemos bien líquido, ven? Así bañamos la torta."
Yuli asentía y anotaba. Cristina resoplaba, le iba a costar acordarse de todo.
Sergio le cerró la puerta del auto a la Señora Directora y se subió al suyo. Dejó el maletín en el asiento de atrás, se quitó los lentes, se refregó los ojos y se quedó así, pensativo.
Sarita abrió la puerta y encontró todo oscuro.
Sara: "Aaaliiiii! hooolaaaa!"
Dieguito abrió la puerta de su cuarto y bajó corriendo.
Dieguito: "Tía! Viniste!"
Sara: "Eeeeehhhh!!! Te extrañaba!"
Alicia caminó ocho cuadras con Irina de la mano izquierda, una bolsa en la derecha y la cartera cruzada. Antes de llegar a su casa paró en el kiosco y compró dos Titas. "Tomá, te portaste muy bien hoy. Llevale a tu hermano para después de cenar." le dijo.
Cuando abrió la puerta el aroma de su casa le pareció exquisito.
Alicia: "Qué hacés acá, gorda? Te dije que te quedaras tranquila!"
Sara: "Dejate de joder Alicia, pensaste que te iba a dejar sola? Dale, lávense las manos que hice milanesas. Dieeegooooo! A comeeerr!"
"Pero qué belleza! Va a dar pena cortarla!" dijo Sergio mientras Cristina le mostraba la torta.
Cristina: “Viste? Quedó brutal! Con estas cerezas taaaan finas…No sabés, Alicia es di vi na, me enseñó con una pacieeeencia…"
Sergio ya estaba acostumbrado a los cambios de humor de Cristina. Podía odiar a alguien a la mañana e invitarlo a cenar a la noche. La excepción a la regla era Yuli, la odiaba siempre.
Sergio: "Si? Qué bien, qué bien… tal vez puedan establecer una linda amistad, quién sabe…. Y esto?"
Cristina: "Qué cosa? Ah, es de la nena, la hija de Alicia, me lo dedicó y todo, no es RE 'suiti'?"
Sergio asintió en silencio y se quedó pensativo, es verdad que no tenía mucha experiencia con chicos pero "una casa con dos puertas" le llamaba la atención hasta a un recién recibido.
Alicia hacía de Alicia y Sarita de los chicos. Ya lo habían ensayado cien veces. Cada palabra estaba calculada. Alicia tomó aire y los llamó al living, Sara le acarició la espalda. "Quedate tranquila, va a estar todo bien" le dijo.
Alicia: "Chicos, les tengo que decir una cosa, necesito que me escuchen con atención y traten de entender."
Los chicos se quedaron en silencio. Alicia miró a Sara. Sara asintió con la cabeza, para animarla a seguir.
Alicia: "Bueno, se acuerdan que les dije que Papá se fue de viaje?"
Alicia se sintió tonta, cómo no se iban a acordar? Los chicos asintieron.
Alicia: "Bueno… papá no va a volver… ahora. Va a tardar un poco más."
Sara la miró con desaprobación. Irina se paró en el sofá, se dio vuelta y miró a la tía. Sarita la tomó por los hombros y con cariño le indicó que se sentara. A Irina se le llenaron los ojos de lágrimas. Dieguito no se movió.
Irina: "Por qué no va a volver papá? Se enojó?"
Alicia: "No, Iri, no se enojó… se tuvo que ir por un tiempo. A veces los grandes necesitamos irnos un tiempo… para pensar."
Alicia sentía que entraba en un pozo negro. Las lágrimas de Irina la desconcentraron y se fue de libreto.
Irina: "Por qué tiene que pensar?"
Dieguito: "A mí no me importa. Que no venga más!"
Dieguito se paró y se fue corriendo por la escalera. Sara trató de atajarlo pero no pudo. Irina se acurrucó en el sillón. Sarita se abalanzó sobre su sobrina y la apichonó contra su pecho. Alicia le deseó la muerte a Mariano.
Sergio se secó la cara, se abrochó la camisa del pijama, tiró perfume al aire y giró sobre su eje (siempre se perfuma así). Salió del baño con una sonrisa y vio a su mujer embobada con la "tiví". Se había puesto tres almohadas en la espalda.
Sergio: "Reina! Cómo voy a hacer para abrazarla? Le voy a arruinar el rodete."
Cristina: "Ay Ser! Por favor!"
Sergio: "Qué!?"
Cristina: "Esas palabras 'tushas'… cuándo te vas a modernizar? Rodete, me hacés acordar a mi abuela!"
Sergio soltó una carcajada, le dio un beso y salió del cuarto con una sonrisa.
Cristina se durmió sentada, con las tres almohadas en la espalda.
Irina se durmió en los brazos de Alicia y Alicia en los de Sara.
Dieguito no salió de su cuarto hasta el domingo.
Sergio se quedó dormido en el sillón mullido con una carpeta sobre las piernas, tenía un nombre: Van Kechelberghe, Emiliana Helena.
CONTIGO - NIÑA PASTORI